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Yo me pongo el saco

November 14th, 2007 -- Posted in | 2 Comments »

Claudina y yo dilucidando,

diloscureando cómo ponernos el saco

porque ya estamos “saquedas”

de tantos poemas garapi√Īados, de charcuter√≠a, de

bolsita rosa mexicano de Liverpool

(((((((((((((((((((((((((La foto trae consigo,contigo y

conmigo,

el efecto de fermentarnos,

bajocontenidonearnos alcohólicamente

Domingo Villeda.jpg

Doce en el patíbulo

October 29th, 2007 -- Posted in | No Comments »

1. El libro de las preguntas de Edmond Jàbes
2. “…que no vuelven las palabras deshechas con la lluvia…” de Juan Carlos Pl√°
3. “De profundis” de Oscar Wilde (Debraye reapareci√≥ en mi vida con uno de los √ļltimos Wilde, ahora buscamos un hueco de tres a√Īos antes de 1990)
4. La edad de hierro de J.M. Coetzee (por segunda ocasión me lo recomienda Joely)
5. Atlas descrito por el cielo de Goran Petrovic
6. Prosa completa de Alejandra Pizarnik (ahora sé que nunca tendré a quién regalarle un pájaro)
7. Station Island de Seamus Heaney
8. Historia del Dodo de Malcolm de Chazal
9. El turno del aullante de Max Rojas
10. Cantar del Marrakech de Juan Carlos Bautista
11. No oscuro todavía de Hugo García Manríquez
12. Mi alma en China de Anna Kavan
y de pilón estoy en la voz de Tori Amos covereando:

KAREN wears a hat although it hasnt rained for six days
She says a girl needs a gun these days
Hey on account of all the rattlesnakes
She looks like eve marie saint in on the waterfront
She reads simone de beauvoir in her american circumstance
Shes less than sure if her heart has come to stay in san jose
And her neverborn child still haunts her
As she speeds down the freeway
As she tries her luck with the traffic police
Out of boredom more than spite
She never finds no trouble, she tries too hard
Shes obvious despite herself
She looks like eve marie saint in on the waterfront
She says all she needs is therapy yeah
All you need is, love is all you need
KAREN never sleeps cause there are always needles in the hay
She says that a girl needs a gun these days
Hey on account of all the rattlesnakes
She looks like eve marie saint in on the waterfront
As she reads simone de beauvoir in her american circumstance
Her heart, hearts like crazy paving
Upside down and back to front
She says ooh, its so hard to love
When love was your great disappointment

Lexicografía A

October 8th, 2007 -- Posted in | No Comments »

¬°AH! interj. Condena a Femenino y a Masculinidad // Humanidad: Todav√≠a entienden lo que antes // Deducir la existencia en plural es intersecci√≥n del enunciado de asombro, sorpresa o pena //¬† Buscar el singular en el abrazo es interjecci√≥n del temporal // Lema de lo que morir√° // Reanudar el mon√≥logo en Lobreguez // La admiraci√≥n se cubre con los doseles // Fingir maravilla (los engranes del bolsillo) // ¬ŅD√≥nde el singular?, preguntan ambos // R√©plica en el espejo: ‚ÄúOc√ļltate en Persona‚ÄĚ // Numerosidad es: Contra natura del nombre, pertinencia del cern√≠calo, oclusi√≥n, sonido opaco

 

Femenino y Masculinidad observan detenidamente la ilustraci√≥n de Turdus Pilaris en Tesauro, p. 55. La inscripci√≥n les dice: ‚ÄúOc√ļltate en el Zorzal‚ÄĚ. Aprenden la canci√≥n, imitan el trino. Zorzal entona la balada, tentativa que deslumbra. Su multitudinaria estirpe irrumpe en D√ļplex. La ventana trasiega altitudes. El jard√≠n de cristal ¬†¬†¬†¬†¬† o la habitaci√≥n¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† reproduce su canto. Sonidos de la opacidad y cantaletas: el blabla de la reyerta, el snif de las invocaciones, el ¬°pl√ļm! de los cuerpos y esa palabra que en ning√ļn tiempo y espacio traducen…

 

-¬°Ah! A veces lloro‚Ķ Masculinidad colecciona mis l√°grimas. Las cataloga en ‚ÄúBravata‚ÄĚ; ‚ÄúDiariamente como los peri√≥dicos‚ÄĚ ‚ÄúMalogros‚ÄĚ; ‚ÄúCirculaciones en que la sangre habita‚Ä̂Ķ¬† Despu√©s de Siglos y Siglos, ya ni se indaga en el porqu√©. El asombro se ha falsificado interiormente en la cotidianidad‚Ķ

(Rutina de la simiente: Zorzal sabe que el llanto se cosecha por temporadas)

 

-¬°Ah!¬† El llanto es un pretexto. La destreza se mide el lagrimal adusto. Cada l√°grima es la desviaci√≥n del ‚Äúnosotros‚ÄĚ hacia Lobreguez. El escindir de hortalizas, la mirada retra√≠da, el paramento del D√ļplex, la permanencia de la sombrilla en su bolso‚Ķ Revelan que no conf√≠a en m√≠. Soy lento en el hacer y el quehacer. Preciso la indicaci√≥n: Eventualidad, olor del regaliz, creer que el roc√≠o es un milagro sobre el pasto seco. Sin embargo, siempre la espero. (Rehacer la dicci√≥n). M√°cula: Nada, nadie regresa. Ahora est√° llorando para amonestar el retraso. Un segundog√©nito‚Ķ Constituyo una nueva categor√≠a para mi inventario: ‚ÄúAcompa√Īamiento de Algarab√≠as‚ÄĚ. Femenino me da l√°stima. Olvido su nombre‚Ķ

(Horadaciones de Lobreguez en el nido del Zorzal)

 

-¬°Ah! Masculinidad conoce todas las piezas que no soy. Soy otra todo el tiempo, nada espacio. Atribulaci√≥n de Persona: Desprendimiento de posibilidad. Cedo a los a√Īos, desisto en la peculiaridad. No soy Ella. La soledad se refleja en mi pluralidad de nombres. ¬ŅQui√©n soy? En la discordancia fijo la mirada en el cenagal. Amor m√≠o, ¬Ņqu√© te he hecho? ¬ŅCu√°l es el fondo?…

(Zorzal huele a madrugada)

 

-¬°Ah! ¬ŅQu√© es la forma? Forma es tiempo que transcurre al meditar en la regadera. A cien ojos, mis pies que principian estaciones. Los d√≠as, los a√Īos. ¬ŅCu√°ntos‚Ķ preceden al apotegma del calvario: la pr√≥stata cancerigena, el descenso de la columna vertebral, la calvicie, el desgaste de la astucia ling√ľ√≠stica, las rugosidades de la piel, los lentes de aumento, la parsimonia, el Alzheimer (que no se me olvide su nombre, relaci√≥n de episodios). Este dolor no tiene nombre: Femenino. Me desdigo: ‚ÄúSoy Lobreguez, me siento deshabitado‚ÄĚ…

(Zorzal -demontre ineludible- nos alberga)

 

-¬°Ah! Masculinidad es as√≠. Su nombre est√° cincelado en mi pupila (consideraci√≥n recubierta de p√°rpados). Su pecho de motas grises anida mi coraz√≥n. No hay infinito en la m√©dula: S√≥lo la apertura de los ap√©ndices y el plomo. Masculinidad contiene el diluvio (el cielo sangra), se sabe al derecho y al rev√©s las tablas matem√°ticas (un n√ļmero sin nadie) y garabatea con claridad la lista de la compra (espeleolog√≠a de descuentos)‚Ķ

(Hay desmenuzar la aorta con el pico del Zorzal, vértice adventicio)

 

-¡Ah! Ella no es así. Ni sé cómo se llama. Reconozco la holgura de su ilion (bruma sin sentido). Sus pechos liliputienses (la destemplanza en la imagen). Su alternancia o el dogma del ósculo como raigón del bien y de mal. Ella sabe las etimologías de cada voz que tengo. Latinismos y sus páginas. Respira al tiempo y despacio. Respira a destiempo y espacio. Ha sa nunca es ha sa con ella. Su respiración me confunde: casa o hacha…

(Zorzal vislumbra a las orillas como eventualidad, detritus de la hombrada)

 

“

En Siglos y Siglos le pregunto su nombre. ‚ÄúLaberinto‚ÄĚ, me dice. Yo, desentierro el incisivo, evoco la transparencia del pez√≥n. Observo al caracol sobre el adobe esperando Lobreguez. Su nombre (intuyo) es la mixtura de referencias territoriales.

 

Aureola f. C√≠rculo luminoso que suele ponerse detr√°s de la cabeza de las im√°genes // Fig. Fama // Ast. Luminosidad circular // Zona oscura de la piel // (Disco luminoso, el fanal) // Es la volatilidad inmune, f√≥sforos sin encender // // ‚ÄúElla resplandece como Laura‚ÄĚ // Femenino es Laureola.

-¬°Ah! Soy Laureola. ‚ÄúMerecedora de gloria‚ÄĚ. (Del lat√≠n ‚ÄúLaurel‚ÄĚ, Tesauro, p. 72). Soy una corona de im√°genes: Preludios. Iniciaci√≥n. Aserr√≠n. P√°ramo. Masculinidad me nombra y el D√ļplex se tambalea (s√≥lo el cadalso prevalece). La ejecuci√≥n es extensa: El herm√©tico abrazo- es primordial. La derrota es el env√©s del tragaluz (las heridas subyacen). Masculinidad, al nombrarme, ha conquistado todos mis sitios‚Ķ

(Zorzal extracta la catarata, el pezón deslustrado)

 

-¬°Ah! Laureola ha perdido. (Mant√©n tu entereza, cuerpo). Laureola es conjuro, deshoras, molde para hornear galletas, bola de cristal. Laureola reconoce el significado de mis sue√Īos. Sabe que mi sello caracter√≠stico es la inseguridad: la transpiraci√≥n sobre la p√°gina, los intersticios de tinta, las premociones localizadas (lapsus que se concreta), el estremecimiento inconsciente. Pesadillas. ‚ÄúSo√Ī√©‚ÄĚ, le digo y me malinterpreta en base a su libro de cabecera (Freud, Sigmund. Die Traumdeutung, 1899, p. ¬Ņ?). Laureola es el hombre gris o mi madre. Se confunde con los desconocidos al pie de la cama‚Ķ

(Zorzal sabe que el contacto es inservible en Masculinidad, que en ning√ļn tiempo y espacio es onirismo)

 

-¬°Ah! ‚Äďdicen ambos-. Alguna vez fuimos. Nos equivocamos. Nuestro modelo de conjugaci√≥n verbal no inclu√≠a el futuro. La construcci√≥n de un hogar, el curso de superaci√≥n personal, los partidos pol√≠ticos, las tarjetas de cr√©dito, el establishment‚Ķ

(Zorzal espera el alpiste, Femenino y Masculinidad sólo saben el grano de mostaza en el lenguaje)

 

“

¬°Ah! Tergiversamos el Verbo ‚Äúparecer‚ÄĚ con ‚Äúperecer‚ÄĚ. Hacemos ata√ļdes con la mirada. Ra√≠ces descarnadas brotan en ombligos. Nuestra frente se labra diariamente con un azad√≥n. Zorzal insiste: ‚ÄúCada arruga tuya es fatal‚ÄĚ. Irremediable la Lobreguez. ¬ŅPor qu√© hemos de morir? ¬ŅC√≥mo traspasar la frase que reside en el Zorzal: ‚Äú√Ārbol que nace torcido jam√°s su rama endereza‚ÄĚ? (Dime con qui√©n andas‚ĶLibro de los refranes, p. 95).

Ser persona seg√ļn Alfonso L√≥pez Corral

August 22nd, 2007 -- Posted in | 3 Comments »
  1. PersŇćna

En los cuentos de Alfonso López Corral (Navojoa, Sonora, 1979), encuentro la etimología de esta palabra en toda su expresión: máscara: persona. No piensen mal, los relatos (no cuentan una historia, son misma la historia de cada día) de López Corral sean el lugar propicio para esconderse, al contrario, todos, incluso él, se han quitado las máscaras en el baile. Antes de iniciar la reflexión sobre la escritura del sonorense, hago (o no hago) algunas brevísimas anotaciones.

Dos recuerdos, o dos recuerdos de lecturas, que me remiten a L√≥pez Corral sin ser su influencia directa necesariamente. Allan Poe y el cuento ‚ÄúLa m√°scara de la Muerte Roja‚ÄĚ: Su figura, alta y flaca, estaba envuelta de la cabeza a los pies en una mortaja. La m√°scara que ocultaba el rostro se parec√≠a de tal manera al semblante de un cad√°ver ya r√≠gido, que el escrutinio m√°s detallado se habr√≠a visto en dificultades para descubrir el enga√Īo. Cierto, aquella fren√©tica concurrencia pod√≠a tolerar, si no aprobar, semejante disfraz. Pero el enmascarado se hab√≠a atrevido a asumir las apariencias de la Muerte Roja. Su mortaja estaba salpicada de sangre, y su amplia frente, as√≠ como el rostro, aparec√≠an manchados por el horror escarlata. Segundo, la escuela del No y ‚ÄúBartleby, el escribiente‚ÄĚ: I would prefer not to

Sin embargo, la respuesta no se puede encontrar en la misteriosa peste ni en las Cartas Muertas; hay que indagar en la ninfa amante de Hades: Mente. (Y no es la planta de la menta, sino la desintegración de los sentidos, de la persona que somos y no somos).

Entonces, ¬Ņqu√© significa ser persona? Para Plat√≥n somos culpables por ser cuerpo, pasiones. Desde el nacimiento somos corruptos. (El bien es la virtud, la renuncia de los apetitos. Pero, ¬Ņqui√©n no tiene hambre? Confiesen, confiesen). Alfonso L√≥pez Corral no asume el papel de escritor ‚Äúpurificador‚ÄĚ, el sabio y, obviamente, ejemplo de la virtuosidad. Me atrevo a afirmar que es cartesiano: ‚Äúlas pasiones son buenas porque son naturales‚ÄĚ. Olvidemos el manique√≠smo. Dej√©moslo as√≠: las pasiones son naturales.

Basta de filosof√≠a de bachiller, Alfonso L√≥pez Corral no es fil√≥sofo, es psic√≥logo. Al leerlo, me escucha. Ahora estoy hablando de mi desgaste emocional. √Čl insiste. Debo entender que el d√ļo pasivo desamparo/desesperanza habita a todos los seres humanos. Me dice que el cuerpo y su actuar es ‚Äď infinidad de veces ‚Äď el no hacer. Pasi√≥n es padecer, no esperar nada. El cuerpo es un instrumento. La persona ejerce la crueldad. Puedo ser cruel, puedes ser cruel. S√≥lo le respondo que Tori Amos lo dice (y lo canta) mejor que yo: I can be cruel / I don’t know why / why can’t my balloon stay up in a perfectly windy sky.

  1. El ejercicio de la crueldad

Cuatro relatos: ‚ÄúPero el amor, esa palabra‚ÄĚ, ‚ÄúPersona ellos, persona yo‚ÄĚ, ‚ÄúPrimer acto‚ÄĚ, ‚ÄúY la noche estaba afuera‚ÄĚ. Sin artificios. S√≥lo personae. Los protagonistas y sus situaciones cotidianas. Todo me es familiar. Reinicia la sesi√≥n. La pasividad, la inacci√≥n. Un c√≠rculo vicioso que encierra la escritura de Alfonso L√≥pez Corral. La actividad m√°s insignificante es un suplicio: la contrasalvaci√≥n.

Encuentro cuatro relaciones.

‚ÄúPero el amor, esa palabra‚ÄĚ y ‚ÄúPrimer acto‚ÄĚ, son paradigmas de las relaciones amorosas que no se traducen en paz. Relaciones codependientes. La inestabilidad, la rutina (o el desempleo), la enfermedad por el Otro. No podemos estar solos, el amor es un vicio. (Retomando el platonismo, cabe la pregunta de si el cuerpo es la expresi√≥n com√ļn del amor).

La carta (¬Ņo la confesi√≥n) en ‚ÄúPero el amor, esa palabra‚ÄĚ: Me gustar√≠a saber qu√© est√°s haciendo en estos momentos. Tal vez ya estar√° otra persona contigo o tal vez sigues sola porque no quieres toparte a alguien como yo. A√ļn sigo pregunt√°ndome por qu√© un gato hidr√°ulico ilustra perfectamente lo que es el amor, sonr√≠o cuando intuyo que si me dieras la respuesta no tendr√≠a mayor sentido, as√≠ eres t√ļ.

En ‚ÄúPrimer acto‚ÄĚ, si el disco de la Piaf no aparece, los reproches de Laura pueden cambiar el d√≠a del dramaturgo frustrado. Hacerlo menos aburrido, intensificar la pl√°tica (o transformar el mon√≥logo de cada uno (hablan de cosas diferentes, no se entienden) un di√°logo): ‚ÄúCasi dir√≠a que es un mon√≥logo, un hombre que se encuentra a un perro mientras espera que su mujer regrese del trabajo. De hecho la mujer interviene hasta el final, y brevemente. La canci√≥n de Edith marca los gemidos lastimeros del perro‚ÄĚ. (Acostumbro a iniciar el pleito Alfonso, ¬Ņsoy masoquista o s√°dica o ambas?).

Pero nada pasa. El cansancio y el hartazgo convierten a la pareja en un juego de manos: el sexo o los golpes. (O nada, insisto). La vida no es rosa.

La relaci√≥n autodestructiva con(tra) uno mismo. En ‚ÄúY la noche estaba afuera‚ÄĚ, escucho (ejercicio doble) a un hombre que hace lo que todos los hombres: caer y caer. Nada evita la ca√≠da. (La concepci√≥n de la prospectiva a partir de la preactividad y la proactividad para cambiar el futuro es irrelevante. Somos la avestruz que espera sin esperar).

Este hombre est√° encerrado en una habitaci√≥n de motel. Es rutina, dos viernes al mes necesita estar s√≥lo y llorar. Hasta que esa h√°bito ya no es lineal, por un hecho (el √ļnico irrefutable de la vida): alguien muere. ¬ŅHecho que pudo evitar? Antes de responder a esa pregunta, hay que conocer el esquema de los relatos: En cambio, los perros que hab√≠an sido sometidos previamente a choques inevitables reaccionaban al principio como lo otros, pero pronto dejaban de aullar, correr y saltar, se echaban en el piso y recib√≠an pasivamente cuanto choque se les administraba, sin que esto cambiara en ensayos sucesivos. Por consiguiente, Seligman y colaboradores establecieron la hip√≥tesis de la indefensi√≥n aprendida.

Una relación indisoluble. Seligman concibió el modelo de depresión del desamparo aprendido, donde la depresión sería (o es) el resultado de la expectativa individual ante eventos negativos que ocurren y la persona carece de control sobre éstos. Dos conceptos que presenta son el desamparo aprendido y el estilo explicativo.

Alfonso L√≥pez Corral maneja asombrosamente el primer concepto: los protagonistas no asumen responsabilidad alguna, no responden y creen que cualquier cosa que hagan no tiene importancia porque es in√ļtil. Nada cambiar√° nada. Los lectores de L√≥pez Corral responden: el estilo explicativo es la forma en que nos explicamos a nosotros mismos el porqu√© de estas cosas. Elegimos la explicaci√≥n de que todo nos pasa a nosotros. La negatividad se disemina a lo largo de nuestra vida por una sola experiencia. Nos predisponemos al dolor. Aprendemos el desamparo, la desesperanza. Somos nulos. Amamos el dolor, el no hacer. Somos No. L√≥pez Corral tambi√©n cree que lo √ļnico que hacemos es ense√Īar ese desamparo, es desesperanza. Somos crueles. Somos perros que soportan las descargas, los no-hacedores. Aprendemos a sufrir y nos gusta hacer llorar a los dem√°s. Nos hemos dado por vencidos.

Entonces, ¬Ņel conflicto puede transferirse en una relaci√≥n con los dem√°s si s√≥lo hay una relaci√≥n de pasividad/pasividad? Relaciones autodestructivas. La espiral disfrazada en forma de amistad. En ‚ÄúPersona ellos, persona yo‚ÄĚ me pregunto si se puede volver a alguien loco: Yo sab√≠a que No√© estaba algo loco, o muy loco, no me interesaba el grado si ya sab√≠a la categor√≠a. No me molestaba. Lo desesperante era su car√°cter de espoleta en una mano y granada cayendo de la otra. Me reun√≠a con √©l una vez por semana y siempre ten√≠a un tema nuevo para sorprenderme. Un d√≠a antes de nuestra obligatoria reuni√≥n me entusiasmaba porque sal√≠a de la rutina con la cita, pero en las dos anteriores charlas ya se empecinaba en algo que para m√≠ implicaba tener que mover m√°s de la cuenta los brazos y la boca.

Al finalizar la hora, el eco de un di√°logo de No√© y Julio ha invadido la habitaci√≥n. (Alfonso, ¬Ņpodr√≠amos ser t√ļ y yo?).

‚ÄĒYo los personalizo y despu√©s ellos me pagan el favor personaliz√°ndome. No me puedo equivocar, la √ļnica opci√≥n para ser persona es ejercer la crueldad. Yo da√Ī√≥ a quien sea, al primero que me tope. No hay distinci√≥n. Todos deben ser personas. Despu√©s, esa persona u otros, ser√°n crueles conmigo y me personalizar√°n. Crueldad por crueldad para poder ser hombres.

‚ÄĒDebo aceptarlo, hasta ahora es lo m√°s convincente que has dicho. Me gusta, me gusta mucho tu idea. Lo que te puedo asegurar, al menos por hoy, es que de seguro no me ser√° f√°cil quit√°rmela de la cabeza. Tiene su atractivo, y no te lo digo por el fin que t√ļ persigues, sino simplemente por ser un buen pretexto para el ejercicio de la crueldad.

Alfonso es cruel. Me ense√Ī√≥ a no defenderme, no pienso escapar.

Bioblio por él mismo

Mi nombre completo es Alfonso L√≥pez Corral. Nac√≠ en la ciudad de Navojoa, Sonora, en 1979. Psic√≥logo y bibliotecario. En 2001 publiqu√© La balada de los comunes (Poesia. Ediciones la C√°bula), y en 2005 el Instituto Municipal de Cultura y Arte de Hermosillo, IMCA, me public√≥ Aire de Ca√≠n (Libro ganador del IV Concurso Nacional de Poes√≠a Alonso Vidal). He colaborado en las revistas Amarras, Portal Motivo Escribo, Altanoche, Andante 26, La L√≠nea del Cosmonauta y Espiral. En 2006 me invitaron a participar en el II Encuentro de Escritores J√≥venes del Norte, realizado en Monterrey. Tambi√©n participo en los Encuentros Hispanoamericanos Horas de Junio, que en el mes de Junio, a√Īo con a√Īo, se realiza en la ciudad de Hermosillo.

Blog

http://elruidodefondo.blogspot.com

Uno de sus cuentos, ‚ÄúPrimer acto‚ÄĚ

“El culpable” en HOMINES1.png

Andante26

http://www.andante26.com

Alfonso como lector

  1. ¬ŅPor qu√© cuento?

El hombre siempre ha contado historias. Presumiblemente, creo, para salvarse del vac√≠o, de la vida, para poder transformar su realidad inmediata. Y el cuento, pienso, es la forma ideal para poder lograrlo, para poder escapar. Quiz√° porque a√ļn podemos mantener la atenci√≥n los minutos que nos demande el cuento. Recordemos que ahora la prisa tiene carn√© dorado para todo, y ya no nos detenemos a prestar atenci√≥n. Aunque parezca simple, es m√°s f√°cil ya caer por el se√Īuelo de la extensi√≥n (hay que ser pr√°cticos dir√≠an por all√≠). Ya sea por la aparente sencillez con la que nos atrae, por la facilidad con la que podemos abarcar la historia y a los pocos personajes que por lo com√ļn contienen; o rom√°nticamente, por una predisposici√≥n innata, heredada cuando nuestros ancestros se reun√≠an alrededor de las fogatas a salvarse de la noche. ¬ŅPor qu√© cuento? Los motivos pueden multiplicarse de forma pr√°ctica y rom√°ntica. Un amante encuentra mil razones para sustentar el objeto de su amor.

2. ¬ŅQu√© no es cuento?

La respuesta pudiera ser ambigua. Si es dif√≠cil encontrar eco para lo que es un cuento. Imaginemos para lo que no es un cuento. ¬ŅExtensi√≥n? ¬ŅPersonajes? ¬ŅFinal inesperado? ¬ŅM√°s de un nudo en la historia? Etc. Quiz√° sea un acto in√ļtil (m√°s en estos tiempos donde todo parece valerse) querer delimitar los g√©neros, encasillarlos, precisamente cuando la literatura, como todo arte, es un acto de libertad. Ponernos a escribir pensando: en cuanto llegue a la p√°gina 20 pongo el final porque si no me saldr√° novela, es ponernos barreras nosotros mismos. Quiz√° un no cuento sea aquella historia abandonada por su autor a medio hacer.

  1. ¬ŅUn cuento para llorar?

Hay dos cuentos que recuerdo con especial cari√Īo, quiz√° por el momento en el que me llegaron; ya sabemos, una historia, cuando nos llega, nos abarca todo, completamente, y comienza por ajustarse a nuestro estado de √°nimo: El demonio de la paridad, de Juan Benet y A veces te quiero mucho siempre, de Alfredo Bryce Echenique. Aunque al pensar en cuentos para llorar me abordan otros m√°s, muchos, por ejemplo La casa de Asteri√≥n, de Borges, el final de Bola de Sebo, de Maupassant, el final de Y por √ļltimo el cuervo, de Calvino. Pero es probable que estos cuentos tambi√©n, a alguien m√°s, muevan a la risa, o al coraje.

4. ¬ŅUn cuento mal√≠simo?

Mal√≠simo ¬ŅPor su maldad latente? ¬ŅPor fallido? Uno olvida pronto aquellos cuentos que no supieron decirnos nada, al menos en mi caso. Y del primero, pienso con especial devoci√≥n en uno de Ambrose Bierce: Mi crimen favorito.


5. Si pudieras ser cuento, ¬Ņqu√© cuento ser√≠as?

Sería, casi seguro, cualquier cuento con final ambiguo o abierto. Lo más cercano a una duda, o a una desazón.


6. Si pudieras ser cuento, ¬Ņqu√© cuento no ser√≠as?

Cualquiera que tenga un final feliz.


7. Si tu vida fuera un cuento tuyo, ¬Ņser√≠as lo suficientemente valiente
de escribir tu final?

Si tuviera la gracia de los grandes cuentistas, me arriesgaría; pero como están las cosas, creo que no apostaría por uno de mis finales. Mejor paso.

8. ¬ŅCu√°l fue el primer cuento que le√≠ste?

El primer cuento que le√≠ (lo curioso es que mis inicios como lector se dieron con novela), pero el primero fue: Un se√Īor muy viejo con unas alas enormes, de Gabriel Garc√≠a M√°rquez. Recuerdo que pens√©: ¬Ņtodo esto se puede escribir? ¬ŅSe vale? Y me cas√© con Garc√≠a M√°rquez much√≠simo tiempo.

9. ¬ŅQu√© cuento leer√≠as como el √ļltimo cuento de tu vida?

El milagro secreto, de Borges, chanza me hacen el milagro y me dejan vivir más tiempo. Pido a San Borges que así sea.

Espejo

Alfonso.jpg

Joel Flores se presume inocente

July 12th, 2007 -- Posted in | 2 Comments »

 

Como m√©dico forense, diseccion√© cuatro cuentos de Joel Flores (1984, Zacatecas, M√©xico) y en la plancha yacen: la ant√≠tesis del h√©roe, los estados mentales negativos y la piel amoratada con chamusquinas¬†de cigarro. ¬ŅCu√°l es la causa (de muerte) en estos cuentos? La soga al cuello en ‚ÄúSi la lluvia lo permite‚ÄĚ, quemaduras de tercer grado en¬† ‚ÄúEl amor nos dio cocodrilos‚ÄĚ, una K-45 en ‚ÄúHiperb√≥lico‚ÄĚ y poderes supernaturales en ‚ÄúNi√Īo superh√©roe‚ÄĚ. Posible hora del deceso: un g√©nero dual. Manejo de la literatura fant√°stica, de la literatura negra. Entre la imaginaci√≥n y la realidad. La l√≠nea gris que pocos se atreven a explorar.
Pero los cuentos de Joel van m√°s all√°.
En estas cuatro extremidades, se libera un olor inquietante: el desasosiego. En ‚ÄúSi la lluvia lo permite‚ÄĚ, ‚ÄúEl amor nos dio cocodrilos‚ÄĚ, ‚ÄúHiperb√≥lico‚ÄĚ y ‚ÄúNi√Īo superh√©roe‚ÄĚ, hay una unidad tem√°tica: los conflictos mentales. Joel camina en este tema como en la cuerda floja. Construye ambientes extra√Īos en estos sucesos cotidianos. Ejecuta malabares.
¬ŅDejar√° caer a alguien?
(Espero que sí).
Imagino a Joel Flores como el sepulturero de estos cuentos, de estos personajes. Pero no me atrevo a acusarlo. ‚ÄúEstos cuentos siempre cobran una v√≠ctima‚ÄĚ, murmura.
Como inspectora, pregunto a la víctima qué es la vida. Alguien responde que hay infinidad de destinos en un destino. El vaho que se desvanece en el espejo. El compás de la respiración. Los pensamientos que no decimos en voz alta. Cosas, cosas que siempre pasan, que se piensan, que nos rodean.
Sé, como Joel, que pasan esas cosas.
La prosa de Joel Flores quema lo √ļltimo del cigarro en mi mano y me hace mostrar solidaridad ante estos personajes: el escritor frustrado (‚ÄúHiperb√≥lico‚ÄĚ), la mujer esperando un abrazo (‚ÄúSi la lluvia lo permite‚ÄĚ), el ni√Īo invisible (“Ni√Īo s√ļper h√©roe”), el esposo vengativo (‚ÄúEl amor nos dio cocodrilos‚ÄĚ). Esta irrealidad de Joel es la realidad. Estos cad√°veres que he descubierto son los del antih√©roe. No tienen rostro (y si lo tuvieran, ¬Ņdonde portan la m√°scara?). Casi no he encontrado esta honestidad en otros retratistas de la realidad. (A veces resulta tedioso leer la realidad, realidad por todas partes: graffiteada en las paredes de mi ciudad, televisada en el noticiero, expresada en un sinf√≠n de literatura en boga inscrita en un¬† ‚Äúeste lugar com√ļn‚ÄĚ: no espero que miren hacia fuera, sino hacia adentro. Realidad en exceso ya es amarillista, no es realidad).
Prefiero este lugar: el anfiteatro.
Joel Flores se resiste a ense√Īarme una pista en sus cuentos: un vaso, que a primera vista, parece serlo, pero tiene huellas distintas. Eso es lo que no vemos. La narrativa de Joel es una literatura agazapada, al acecho, los personajes no tienen el control. Repito, esas cosas suceden. Cosas, como estas atm√≥sferas, que Joel escribe como si fueran lo m√°s normal del mundo. Es que son lo m√°s normal del mundo. Las ojeras, la inestabilidad, la p√©rdida de un ser querido, las venas abiertas, la desesperaci√≥n, el √ļltimo cuento que debe ser escritor a toda costa, a todo cuerpo.
Esas cosas.
Ese olor.
Esas historias.
Joel Flores sabe narrar esas cosas. Siempre controla la situación. La estructura. La pericia. Solidez. La solidez en su voz narrativa.
Hablemos de lo que apuesta en sus tramas. Hay que tener cuidado al manejar el cuchillo de doble filo. M√°s de una vez me pareci√≥ que subestima al lector: esas cosas pueden no ser reveladas. Algunas pistas me parecieron innecesarias. Por momentos, sent√≠ que Joel controlaba la situaci√≥n,¬†a pesar de que¬†el personaje debe respirar por s√≠ mismo. Pero hay un m√©rito en sus cuentos: logra una tensi√≥n que demuestra que, a pesar de su juventud, no es un narrador improvisado. Joel es h√°bil. Casi siempre resulta que esos detalles ‚Äúobvios‚Ä̬†son una agradable sorpresa: no es predecible, sabe cu√°ndo atacar.
Joel est√° en el otro lado del espejo, observa el vaho desvaneci√©ndose y se pregunta: ¬Ņqu√© hay detr√°s de los rostros?
Silencio.
Los cuentos de Joel Flores delatan que fueron escritos en diferentes momentos. Motivado por distintos registros narrativos. Pero esta estas piezas apunta a un estilo ya propio, de un joven narrador que sabe lo que quiere lograr. Estilo al revés del espejo.
Creo saber la respuesta.
Detr√°s de los rostros est√° el d√≠a y la noche. El d√≠a siempre es una fiel reproducci√≥n. Pero, ¬Ņla noche? Joel conoce a Nyx rodeada de un velo y de estrellas. Ah√≠ est√° la luz que le hace ver esas cosas, el vaho. Joel conoce la naturaleza humana: escribe la ant√≠tesis del h√©roe: el simulador.
Joel Flores es un narrador que dar√° de que leer, hablar – y hasta escribir – en los pr√≥ximos a√Īos.
 

(Caso sin resolver).
Espero pronto un libro tuyo Joel, te espero en el anfiteatro: hay m√°s cad√°veres.

 

 

Dos cuentos de Joel Flores en Homines:
“Si la lluvia lo permite”:
http://www.homines.com/palabras/si_lluvia_permite/index.htm
Y ‚ÄúUn lugar mejor que √©ste‚ÄĚ (que no fue abordado visceralmente en este texto, pero los invito a que lo lean):
http://www.homines.com/palabras/lugar_mejor/index.htm

Bioblio:

Joel Flores. 1984. Zacatecas, M√©xico. Narrador. Durante el a√Īo 2002 al 2004 fue parte del consejo editorial de la revista Finisterre (Beca Edmundo Valad√©s a Revistas Independientes). Sus cuentos y cr√≥nicas han sido publicadas en Acento, de La voz de Michoac√°n, Barca de Palabras, La cabeza del moro, Espiral, Prisma volante, Homines (Portal de Literatura y Arte en Espa√Īa), La Agenda Cultural y las Artes del Estado de Zacatecas y en Son de marzo (Antolog√≠a de Escritores J√≥venes editada en Guanajuato). Su trabajo ha merecido los siguientes premios y apoyos: La Beca del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes del Estado de Zacatecas (FECAZ 2004-2005), la del Fondo Nacional J√≥venes Creadores (FONCA 2006-2007) y el tercer lugar en el IX Concurso Nacional y I Iberoamericano ‚ÄėLeamos la Ciencia para Todos 2005-2006. Actualmente trabaja en dos libros de cuentos: Simulador (pr√≥ximo a publicarse) y Relatos reales. Habita en http://bunker84.blogspot.com

Joel como lector:

¬ŅPor qu√© cuento?
El cuento es un g√©nero en potencia y vers√°til. Durante a√Īos ha tomado distintas configuraciones, pero siempre vuelve a sus inicios, a su forma cl√°sica. Algunos han escrito, como Pierre Giraud, que en la literatura todo est√° dicho. Si nos remontamos a Las Mil y una noches descubrimos que Sherezada explot√≥ todas las t√©cnicas e historias que existe y que se pueden escribir. Es la cuentista por excelencia. Lo √ļnico que hacen los narradores en su presente es mostrar esas historias con otras palabras, confeccionarlas con un estilo propio y con distintos rudimentos. Considero, quiz√° de manera arriesgada, que los g√©neros literarios no se han desvanecido, sino que se han fusionado. Eso da m√°s oportunidad al creador de experimentar. Por ejemplo: Ch√©jov propuse ver el cuento como el brillo de la luna reflejado en una cuenca de vidrio. Lo que halla a su alrededor no importa, lo que importa es la captura del instante. En el siglo XIX Poe y Hawthorne emplean lo que muchos llaman artificio: el cuento que captura dos historias dentro de una. Los argentinos, como Fogwill y Piglia, han experimentado con el cuento de m√ļltiples maneras que nos ayudan a ver este g√©nero con otros ojos. Por ejemplo: ellos han creado voces narrativas que no s√≥lo construyen dos historias dentro de un cuento, sino que crean m√°s de dos historias y tiene la habilidad de conectarlas entre s√≠ y vislumbrar al lector. Con el cuento se puede experimentar de m√ļltiples maneras, pero lo que siempre importa, y eso lo aclaran cl√°sicos como Calvino, es la concisi√≥n y la velocidad con que se maneja. Elegir escribir cuento en lugar de novela como primera obra tiene muchos significados. El fundamental es el reto: poder mostrar en √©l las distintas voces y los distintos temas que est√°s proponiendo como narrador. Lograr una unidad estil√≠stica es lo m√°s importante.

¬ŅQu√© no es cuento?
Un no cuento es lo que su creador quiere que sea un no cuento. Es parad√≥jico. Tambi√©n existe la opini√≥n del lector. Leemos La velocidad de las cosas de Rodrigo Fres√°n y en su nota preliminar sostiene, seg√ļn mi mala memoria, que su novela est√° conformada s√≥lo por cap√≠tulos y que cualquier semejanza que una a estos con el cuento es nula. Pero al terminar de leer el libro tienes la sensaci√≥n de haber le√≠do un compendio de cuentos anillados. Se presume que √Ālvaro Enrigue mand√≥ Hipotermia a Anagrama con la nota de que estaba enviando una novela, cuando en realidad estamos hablando de un excelente libro de cuentos. No creo en el no cuento. Un creador, antes de escribir algo, escoge el g√©nero, los personajes, la tem√°tica, la determinaci√≥n del tiempo, c√≥mo estar√°n acomodados los acontecimientos y los espacios. No olvidemos la f√°bula o las f√°bulas que lo urdir√°n. Poe dice que un cuento es aquel que pide de quince minutos a una hora de lectura. Pero hay cuentos que exigen m√°s. Tradicionalmente hablando un no cuento es aquel que no rinde con los esquemas conceptuales que determina el canon: arriba de treinta cuartillas es novela corta, al igual que si muestra m√°s de tres personajes centrales y un conflicto.

¬ŅCu√°l fue el primer cuento que le√≠ste?
El primer cuento que le√≠ fue ‚ÄúEl coraz√≥n delator‚ÄĚ, de Poe. Y no sal√≠ una semana de mi casa por leer y releer el libro completo.

¬ŅUn cuento para llorar?
En realidad un cuento nunca me ha hecho llorar, s√≥lo las novelas. Actualmente leo mucho a la nueva generaci√≥n de cuentistas norteamericanos. ‚ÄúHabr√≠a que darle un nombre‚ÄĚ, de Matthew Klam, fue un cuento que alborot√≥ mis fibras sensibles y me hizo reflexionar sobre temas cercanos: el aborto, las relaciones de pareja, los conflictos familiares. Creo que lo maravilloso de la literatura, desvi√°ndonos un poco del cuento, es el principio est√©tico que la soporta: conectar con su realidad inmediata al lector y lograr trastocarle su visi√≥n del mundo. Hermeneutas como Gadamer proponen que la interpretaci√≥n de un texto literario nace con el chispazo de hacerle ver al lector su fragilidad como humano, la tradici√≥n que lo antecede y el prejuicio y gusto que lo sigue a diario, antes de invitarlo a destazar los textos y al an√°lisis cerebral. Los escritores norteamericanos tienen representantes muy s√≥lidos e intencionados en cuanto a trastocar la visi√≥n del mundo del lector. Leemos a Capote y su ‚Äúsupuesta‚ÄĚ frivolidad se convierte en angustia o en choques de clases sociales. Lemos a Carver, la manera en c√≥mo nos muestra los conflictos dom√©sticos, y terminamos con los vellos erizados.

¬ŅUn cuento mal√≠simo?
No sé si sea por suerte, pero nunca he leído un cuento malo, tampoco me he decepcionado de mis autores favoritos y eso hace que establezca una gran deuda con ellos. He tenido la oportunidad de leer a varios manuscritos y galeras de narradores de mi generación (en el concepto biológico) y he tenido la suerte de leer cosas que me vislumbran, me asombran y otras que me hacen evadir temas como el erotismo, la masturbación y el sexo. Creo que el querer abrumar al lector es un mal lector con estos temas es un mal que acongoja a muchos escritores en ciernes. Algunos salen bien librados y nos recuerdan a escritores como Bataille y Sade. Otros nos hacen deducir que cada día la sociedad orilla a la juventud a reprimir sus deseos, sus obsesiones y los lleva a convertir a la escritura en una actividad catártica.

Si pudieras ser cuento, ¬Ņqu√© cuento ser√≠as?
Uno se convierte en los cuentos que escribe y los cuentos que otros escriben se convierten en uno. Pero m√°s que otra cosa, uno se convierte en los personajes que lee o escribe. Cuando pienso en un personaje que habitara un cuento m√≠o antes de escribirlo, me gusta conocerlo bien, mirarlo a los ojos, preguntarle sus obsesiones, medir a hasta d√≥nde puede llegar si se le otorga vida. Los personajes siempre terminan por convertirse en mi sombra, a pesar de que haya terminado de escribir sobre ellos o desechado la idea. Me encanta la literatura para ni√Īos. Los cuentos fant√°sticos y los maravillosos. No descarto nunca en que podr√© convertirme en el intr√©pido Juanito robando las habichuelas.

Si pudieras ser cuento, ¬Ņqu√© cuento no ser√≠as?
Me gustan las historias de Edgar Allan Poe y las de Amparo D√°vila, pero nunca me gustar√≠a estar en los zapatos de Roderick, de ‚ÄúLa ca√≠da de la casa Usher‚ÄĚ, ni ser la ni√Īa que se despe√Īa en ‚ÄúTiempo destrozado‚ÄĚ.

Si tu vida fuera un cuento tuyo, ¬Ņser√≠as lo suficientemente valiente de para escribir tu final?
Si hablamos en cuanto las temáticas que manejo, no. Pero si no me puedo salvar de un final trágico por culpa de las temáticas que propone mi escritura, escribiría un final donde me dejaran desear un final feliz.

¬ŅQu√© cuento te gustar√≠a leer antes de morir?
A√ļn no puedo decidir eso. Espero no morir ma√Īana, ni pasado ma√Īana, ni dentro de un a√Īo. Y seguir con la idea de que tengo una inmensidad de libros que leer en el futuro. Lo que escoger√≠a en estos momentos es Bartlebly el escribiente, de Melville. A pesar de que es una novela, me gustar√≠a no estar prejuiciado por los g√©neros y disfrutarla como si fuera un cuento.

Espejo:

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De mareas y otras Xitlally Rivero

July 12th, 2007 -- Posted in | No Comments »

Xitlally Rivero (1985) me ense√Ī√≥ unos escritos de Gaby Ponce. De Ponce le√≠ De mareas y otros versos y despu√©s le coment√© a Xitlally que me la presentara. Le insist√≠ y le insist√≠ hasta que Xitlally me confes√≥ (era un d√≠a lluvioso, lo recuerdo) que ella era la misma Gaby Ponce. Heter√≥nimo de personalidad propia y hasta biograf√≠a inventada. Esa mentira blanca me ha llevado a escribir ahora sobre la poes√≠a de Xitlally.

Primer momento: Escucho su respiración.
(No hay coraz√≥n que la acompa√Īe).
Exhalaciones, inhalaciones.

Las exhalaciones como r√°fagas de aire que me hieren el cuello:

y el viento
siempre e l   v  i   e   n    t     o
polvo        silencio     mentira
mimesis de la ironía
el terror de encontrarse con el l√°piz
y no tener qué decir.

Inhalaciones que son resquicios, alg√ļn resto que todav√≠a no encuentro:

S√≥lo t√ļ eres la pieza,
mi lugar y destino.
Y yo soy tu puerto.
sólo yo a través de mí mismo

Porque no hay otro yo,
y eso duele tanto…
Pero existes t√ļ,
como yo contrario y contradictorio.
S√≥lo t√ļ eres como yo pese al acento
y eso duele tanto
…

Segundo momento: Busco el l√°piz.
De estos poemarios de Xitlally, comento algunos cuadernos (por cuesti√≥n de espacio no abordo todos) que, a mi parecer, poseen la esencia de su poes√≠a: la ciudad y el amor. Temas recurrentes que reflexionan sobre la poes√≠a misma. ¬ŅC√≥mo escribirte poema?, es la pregunta que subyace en los poemas de Xitlally. En b√ļsqueda de la voz, ha encontrado su voz: es el l√°piz.
El lápiz afilado de Xitlally revela formas poéticas diferentes. Alude a la etimología del verso, el camino de ida y vuelta de los bueyes en el arado. Se detiene a observar estos surcos sobre la tierra, reflexiona. Un tema universal (que parece ser varios temas): la poesía.

Tercer momento: Me pregunto por la voz.

Vino el temor a los espejos
el viento
: y   s u    v   o    z  .    .    .

(¬Ņencontrar√° su voz?)

Entre y m√°s all√° es el manifiesto de la poes√≠a de Xitlally, quien se enfrenta a la p√°gina en blanco, sabiendo que la palabra la domina como ‚ÄúUna verdad inquebrantable que nunca fue tal‚ÄĚ.

Pero no tiene miedo, sólo se deja escribir:

Jam√°s le tuve miedo a la muerte
ni a las flores secas         ni a los rezos,
pero siempre so√Īaba un campo verde
una hoja en blanco         alguna pluma.

Un espejo donde la dimensión no existe,
donde el blanco no es negro y hasta yo soy rosa.

En De noche, en la ciudad‚Ķ aborda una po√©tica que revela la distancia entre alma y cuerpo, entre una ciudad y otra. Regionalismos retratados, Xitlally es la heredera del huapango y de la lluvia de lagartijas. (Otros poemas como ‚ÄúEl Metro‚ÄĚ, o ‚ÄúCanci√≥n desde un autob√ļs” tienen cabida aqu√≠).
En De meriendas y otros refrigerios encuentro la esencia de la voz de Xitlally: otra voz todo el tiempo.

Otredad

Soy eso que llaman otredad,
porque mienten al decir que est√° afuera,
que el otro es el otro.
Soy eso que llaman inaudito,
porque mienten al decir que es imposible,
que lo real se toca.
Soy eso que llaman excéntrico,

porque soy
y porque est√° prohibido
.

En De regreso predomina el erotismo. Poemas como ‚ÄúCredo‚ÄĚ o ‚ÄúEn secreto‚Ķ‚ÄĚ cohesionan un universo po√©tico de sensualidad desde una voz esencialmente ‚Äúfemenina‚ÄĚ.

Credo

Creo en tu lengua.
Creo en el surco instantáneo que recreas    tembloroso.
Creo en cada sombra que se pierde en tu regazo.
Creo en la sima inalcanzable de tus manos.
Creo en la esquina
en el vértice

en la orilla.
Creo en las diminutas estatuillas que destruyes cuando me nombras.
Creo en tu risa
escasa         inesperada        incomprensible.
Creo en el rito olvidadizo de quererte.

Creo en el sue√Īo,
en el arco insomnio de so√Īarte et√©reo,
Creo en la est√ļpida creaci√≥n que es abarcarte.
Creo en el hondo vacío de mi cáliz.
Creo en tu nombre,
en el escaso espacio entre tus dedos y mi gloria.

Creo en mi vientre,
en la mala costumbre de llamarte a gritos
en las sombras.
Creo en la p√°lida locura de perderte.
Creo en tu esperma        fuente imprecisa
creo en la llama inaudita de una orquídea.
Creo en tu lengua.

V√°lido, despu√©s de leer poemas como ‚ÄúHombre‚ÄĚ: es un destello, una luminosidad en este l√°piz (siempre sincero, que no teme a convertirse, a negarse‚Ķ).

Cuarto momento: Buscando nuevamente la voz.

El lápiz de Xitlally, es el arado que ha sembrado una voz (que llama mi atención) porque es una sed de vida interior, es un juego plural: masculino y femenino.
Voz femenina que delata su vulnerabilidad, sus sentimientos como amante, su mirada hacia un hombre.
Voz masculina que plantea la trascendencia, la condición humana, la locura, la realidad, sus propias pasiones y la poesía misma.
A veces hija, otras veces hijo; pero siempre con el mismo cuestionamiento al escribir.
¬ŅCu√°l es el esencial en la poes√≠a de Xitlally? Su l√°piz – manejado con agudeza – no inmoviliza estereotipos. Es universal.
Se acerca a las formas tradicionales pero también busca la libertad entre las zonas del silencio.

Ejemplos, sonetos y verso libre entre el haiku sobre lap tops.

La voz de Xitlally es doble, es otra todo el tiempo. Es espejo y reflejo, juego de manos, mujer y hombre, ¬Ņetc√©tera o viceversa?.
Creo que encontré la voz.

Eso espero mientras agito – en nombre de Xitally – la bandera enarbolada por Bajt√≠n: ‚ÄúLa l√≠rica es la vista y el o√≠do de uno mismo desde el interior, con ojos emocionales, y en la voz emocional del otro: yo me oigo en el otro, con otros y para otros”.

M√°s poemas en: http://demareasyotrosversos.blogspot.com

Bioblio:

Xitlally Rivero Romero naci√≥ el 25 de diciembre de 1985 en el Distrito Federal, pero su infancia y adolescencia transcurrieron en Tizayuca, Hidalgo. Ha publicado en diversas revistas y peri√≥dicos locales en Pachuca, Hidalgo, el Distrito Federal y Monterrey, Nuevo Le√≥n. En el 2002 obtuvo el tercer lugar en el g√©nero de poes√≠a en el Concurso de Creaci√≥n Literaria del Sistema Tecnol√≥gico de Monterrey; en 2003 recibi√≥ el premio ‚ÄúAlma y todo lo que no es alma tambi√©n‚ÄĚ que otorga la Licenciatura en Letras Espa√Īolas del mismo instituto, as√≠ como el de Literatura Instant√°nea ‚ÄúA vuelo de p√°jaro‚ÄĚ organizado por el gobierno de Nuevo Le√≥n; en 2005 obtuvo el segundo lugar en el concurso de creaci√≥n literaria convocado por el Instituto de la Juventud de San Nicol√°s de los Garza. Actualmente estudia la licenciatura en Letras Espa√Īolas en el ITESM Campus Monterrey.

 

Xitlally como lectora:

¬ŅPor qu√© poema? ¬ŅPor qu√© escribirlos o por qu√© s√≠ es un poema?
Poema porque la lengua es un camino para comunicar al otro, para descubrirse al otro y descubrirlo a √©l. Y no s√≥lo en t√©rminos de lenguaje oral y escrito ūüėČ

¬ŅQu√© no es poema?
Lo que olvida el ritmo, la no exploración, lo que cae en frases cansadas por el uso sin renovarlas, lo que no mueve, lo que no incita.

¬ŅCu√°l fue el primer poema que le√≠ste?
“Metamorfosis“, de Luis G. Urbina. Bueno, no estoy segura completamente que haya sido ese, pero sí recuerdo que fue el primero que leí constantemente. Definitivamente el primer poema que leí estaba en una antología que le robé a mi madre.

¬ŅUn cuento para poema?
‘Mi vida con la ola’, de Octavio Paz.

¬ŅUn poema mal√≠simo?
Mmm… No ser√≠a un poema.

Si pudieras ser poema, ¬Ņqu√© poema ser√≠as?
Soy todos mis poemas, creo. Pero de otro autor quisiera ser Altazor jeje, pero creo que ser√≠a… ‘En paz’, de Amado Nervo.

Si pudieras ser poema, ¬Ņqu√© poema no ser√≠as?
Los de Gabriela Mistral.

¬ŅQu√© poema te gustar√≠a leer antes de morir?
‘Quiero morir cuando decline el d√≠a…’ de Manuel Guti√©rrez N√°jera.

Espejo:

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Hoy la cielo est√° Violeta

June 28th, 2007 -- Posted in | No Comments »

Violeta Kesselman (1983) ha propinado un hachazo al √°rbol morfol√≥gico en el terreno del lenguaje. ‚ÄúEl nube‚ÄĚ es un poema que, he de confesarlo, me parece¬†renovador desde su ra√≠z.

Aparece el cuestionamiento ‚Äď latente sobre todo cuando buscamos revigorizar al mismo lenguaje – relativo a las barreras del idioma espa√Īol. La √ļnica (de infinitas barreras) a abordar en este espacio es el art√≠culo; determinante gramatical para precisar (y no s√≥lo actualizar) a un sustantivo.

Insisto en aclarar que no pretendo dejar de lado el sentido m√°s primitivo del poema: ‚ÄúEl nube‚ÄĚ es (m√°s que) el apodo de un hombre.

Pero Kesselman ‚Äď a prop√≥sito o sin querer ‚Äď desaf√≠a esta categor√≠a morfol√≥gica conocida como art√≠culo (el/la) ‚Äď que en su equivalente cercano en ingl√©s, the, a-an, se revela como un simple referente que no define masculino / femenino.

Por otra parte, en este mismo terreno encuentro que el árbol morfológico no sólo ha sufrido una alteración, sino que este hachazo reivindica que la acumulación de palabras en este sistema estructural debe romperse.

Una de dos: neologismos o darle una nueva forma a las palabras que ya tenemos.

Nosoy. Devivir. Tescucho.

Kesselman recupera palabras que permiten repensar a las mismas palabras. Renovadora, el poema posee un espíritu libre.

El poema respira.

Cartas a mano.

nuhe:sé gue mmi letra es honnible, su-
porgo gue vas a podcr ertender-
me:
no soy pcz iucapaz de uiuir
fucra de etcétcra.
hesos

Conversaciones habituales.

por tendido de moco
llegan las palabras de la nube:
-nube, estás ahí?
-sí
-est√°s triste?
-no, no estoy

Destellos paulatinos.

los vasos
sirven para hablar
no se llenan con el musgo
de la pileta abandonada

Y, por √ļltimo, el admirable manejo de un sitio m√°s com√ļn: onomatopeyas.

piiiiiiiiiipelai reslibre
yyono tetoco

clac

La argentina va m√°s all√° de la curiosidad del lenguaje.

Renovaci√≥n: la nube y el nube son Nube, paradigma de un terreno (cuasi)inexplorado: la androginia en una poes√≠a pensada como ‚Äúactual‚ÄĚ pero con un trasfondo que persiste en una voz epicena.

‚ÄúEl nube‚ÄĚ dualmente establece relaciones inesperadas ‚Äď y l√ļcidas/l√ļdicas – sin necesidad de presentar circunstancias concretas: es una experiencia po√©tica amplia que evita la tensi√≥n y el desequilibrio de la voz sexuada.

(Leer ‚ÄúEl nube‚ÄĚ: http://www.poesia.com/kesselman.htm)

Leer Violeta: http://saleysepone.blogspot.com)


 

Violeta.jpg