October 29th, 2007 -- Posted in |
1. El libro de las preguntas de Edmond Jàbes
2. “…que no vuelven las palabras deshechas con la lluvia…” de Juan Carlos Plá
3. “De profundis” de Oscar Wilde (Debraye reapareció en mi vida con uno de los últimos Wilde, ahora buscamos un hueco de tres años antes de 1990)
4. La edad de hierro de J.M. Coetzee (por segunda ocasión me lo recomienda Joely)
5. Atlas descrito por el cielo de Goran Petrovic
6. Prosa completa de Alejandra Pizarnik (ahora sé que nunca tendré a quién regalarle un pájaro)
7. Station Island de Seamus Heaney
8. Historia del Dodo de Malcolm de Chazal
9. El turno del aullante de Max Rojas
10. Cantar del Marrakech de Juan Carlos Bautista
11. No oscuro todavía de Hugo García Manríquez
12. Mi alma en China de Anna Kavan
y de pilón estoy en la voz de Tori Amos covereando:
KAREN wears a hat although it hasnt rained for six days
She says a girl needs a gun these days
Hey on account of all the rattlesnakes
She looks like eve marie saint in on the waterfront
She reads simone de beauvoir in her american circumstance
Shes less than sure if her heart has come to stay in san jose
And her neverborn child still haunts her
As she speeds down the freeway
As she tries her luck with the traffic police
Out of boredom more than spite
She never finds no trouble, she tries too hard
Shes obvious despite herself
She looks like eve marie saint in on the waterfront
She says all she needs is therapy yeah
All you need is, love is all you need
KAREN never sleeps cause there are always needles in the hay
She says that a girl needs a gun these days
Hey on account of all the rattlesnakes
She looks like eve marie saint in on the waterfront
As she reads simone de beauvoir in her american circumstance
Her heart, hearts like crazy paving
Upside down and back to front
She says ooh, its so hard to love
When love was your great disappointment
October 11th, 2007 -- Posted in |
Multifamiliar es la digresión de la persona. Los saltos al vacío, las heridas que se cierran. Se cierran en esta superficie que ha eternizado la Unidad, que contempla cómo arrastramos el pie hacia el centro, hacemos tiempo en la parada del autobús, atravesamos la fisura en la banqueta y la estatura de los edificios nos conmueve más que la miseria. El caracol en el helecho de plástico nos impregna de dudas y nulidad, cómo la baba nos reconoce en (lo ahora escrito) “cómo la baba nos reconoce”…
Somos fractura. Las imperfecciones del agua se perfilan en la sucesión de ladrillos. Nada, nadie toca la arista de la geometría hecha a pie y a hircismo. Si no hay cicatriz, ¿en qué recae la apariencia? El rictus nos delata. Somos pocos en este lugar esperando el silencio. Somos pocos y hablamos la misma lengua, perdemos el Distrito Federal, reconstruimos los signos, ensanchamos el Distrito Federal, construimos los signos, edificamos el presente siendo rictus que nos relata. No hablamos con la lengua, hincamos el incisivo en la reineta. “Somos fractura” nos decimos en cada desgarre del rostro de Armando.
Fractúrame, dice Unidad y yo hago (o deformo) huesos, polvo en la azotea, paredes que caen y caen, pasos sin pisada (sin marca de agua) en los pasillos.
Coyuntura: Me alimento con la simiente y desdigo el perfil. Armando es el perfil
,
Armando bosqueja el juego sobre el cemento con un gis. (Rayuela, quisiera el Ciego, para sustituir el típico partido de fútbol con los escuincles del tres. Tres en el aeroplano invisible en la argamasa, justo en los límites de la portería. Tres metros bajo tierra sin cuerpo, sólo la uña hincada en el encierro, sólo los tablones que se descompone en la catarata del Ciego).
En el Multifamiliar, no hay presencia de fondo ni forma. Están las consecuencias del habla. (El residuo de los ladrillos es la ojera). Está el reflejo de lo que aún vive y nos alumbra: la espera. Está la pared que no grita, ni se encorva. Está la lobreguez que nos pisa. Somos pocos. La espera nos niega y nos regresa a lo desmedido, la espera sabe. No permanecemos en el Multifamiliar, las escaleras nos sobreviven, los metros cuadrados nos hacen y nos rehacen, siempre hay otro inquilino, siempre hay un departamento en venta, en renta. “En construcción”. Somos fractura. El memorial del sudor continúa el trayecto, el punto y el centro son testimonios inquietantes en el edificio: Somos pocos.
Somos fractura escuchando la disonancia del temblor, escuchando a la munición que atraviesa edades. Si no hay cicatriz, ¿en qué recae la mano? Labramos el desolado panorama con la lengua (espectaculares y panópticos de inicio de siglo), tallamos la cintura del hielo con la mirada (millones y millones, habitantes y hormigas). Si no hay cicatriz, ¿en que recae la palabra? En el silencio. (El Ciego dice que el clamor del cielo se entiende en una lágrima, que la rima es una tierra imposible).
La ingravidez concluye el verdadero peso: Somos los decimos la mitad de las cosas, que nos alejamos de las palabras, que hablamos el lenguaje de los ladrillos y de las paredes, de la saliente (geometría desigual en el rostro de Armando) y de la entrada al metro. “Viene, viene”. Armando se expresa en un cambio de estación, en un rugido y “Viene, viene”. Somos pocos en el andén, en el pasillo que nos divide y nos multiplica, y aún así somos pocos: El precipicio. Nos replegamos en nosotros mismos, no sabemos nada. Armando no tiene un diccionario a la mano, no conocemos la palabra “rumbo”.
Armado es libre en el primer concierto de ska, en la soledad de la primera erección que lo despunta: “Hombre, casi eres un hombre”. Armando no es un Armando a punto de vivir. Armando no es un Armando que se circunscribe al equipo favorito de fútbol, al marcador cero a uno, a la diferencia.
No estamos aquí. No estamos aquí en el Multifamiliar para asemejarnos unos a los otros, para manifestarnos anónimamente como Todo. No estamos aquí para morir desterrados en la turbulencia, no estamos aquí para vivir en la pupila. Estamos aquí para deletrearnos, para ser legibles en el Multifamiliar.
Somos pocos
o
Unidad. Unidad Habitacional.
Armando muere en cada emisión nocturna, en las trenzas de Eloísa, en la prominente manzana de Adán, en los residuos del mismo gis que desescribe la ecuación sobre la pizarra. X=3 delata que Armando es inmediato, que habita en la pureza del
departamento tres, edificio C.
October 8th, 2007 -- Posted in |
¡AH! interj. Condena a Femenino y a Masculinidad // Humanidad: Todavía entienden lo que antes // Deducir la existencia en plural es intersección del enunciado de asombro, sorpresa o pena // Buscar el singular en el abrazo es interjección del temporal // Lema de lo que morirá // Reanudar el monólogo en Lobreguez // La admiración se cubre con los doseles // Fingir maravilla (los engranes del bolsillo) // ¿Dónde el singular?, preguntan ambos // Réplica en el espejo: “Ocúltate en Persona” // Numerosidad es: Contra natura del nombre, pertinencia del cernícalo, oclusión, sonido opaco
Femenino y Masculinidad observan detenidamente la ilustración de Turdus Pilaris en Tesauro, p. 55. La inscripción les dice: “Ocúltate en el Zorzal”. Aprenden la canción, imitan el trino. Zorzal entona la balada, tentativa que deslumbra. Su multitudinaria estirpe irrumpe en Dúplex. La ventana trasiega altitudes. El jardín de cristal o la habitación reproduce su canto. Sonidos de la opacidad y cantaletas: el blabla de la reyerta, el snif de las invocaciones, el ¡plúm! de los cuerpos y esa palabra que en ningún tiempo y espacio traducen…
-¡Ah! A veces lloro… Masculinidad colecciona mis lágrimas. Las cataloga en “Bravata”; “Diariamente como los periódicos” “Malogros”; “Circulaciones en que la sangre habita”… Después de Siglos y Siglos, ya ni se indaga en el porqué. El asombro se ha falsificado interiormente en la cotidianidad…
(Rutina de la simiente: Zorzal sabe que el llanto se cosecha por temporadas)
-¡Ah! El llanto es un pretexto. La destreza se mide el lagrimal adusto. Cada lágrima es la desviación del “nosotros” hacia Lobreguez. El escindir de hortalizas, la mirada retraída, el paramento del Dúplex, la permanencia de la sombrilla en su bolso… Revelan que no confía en mí. Soy lento en el hacer y el quehacer. Preciso la indicación: Eventualidad, olor del regaliz, creer que el rocío es un milagro sobre el pasto seco. Sin embargo, siempre la espero. (Rehacer la dicción). Mácula: Nada, nadie regresa. Ahora está llorando para amonestar el retraso. Un segundogénito… Constituyo una nueva categoría para mi inventario: “Acompañamiento de Algarabías”. Femenino me da lástima. Olvido su nombre…
(Horadaciones de Lobreguez en el nido del Zorzal)
-¡Ah! Masculinidad conoce todas las piezas que no soy. Soy otra todo el tiempo, nada espacio. Atribulación de Persona: Desprendimiento de posibilidad. Cedo a los años, desisto en la peculiaridad. No soy Ella. La soledad se refleja en mi pluralidad de nombres. ¿Quién soy? En la discordancia fijo la mirada en el cenagal. Amor mío, ¿qué te he hecho? ¿Cuál es el fondo?…
(Zorzal huele a madrugada)
-¡Ah! ¿Qué es la forma? Forma es tiempo que transcurre al meditar en la regadera. A cien ojos, mis pies que principian estaciones. Los días, los años. ¿Cuántos… preceden al apotegma del calvario: la próstata cancerigena, el descenso de la columna vertebral, la calvicie, el desgaste de la astucia lingüística, las rugosidades de la piel, los lentes de aumento, la parsimonia, el Alzheimer (que no se me olvide su nombre, relación de episodios). Este dolor no tiene nombre: Femenino. Me desdigo: “Soy Lobreguez, me siento deshabitado”…
(Zorzal -demontre ineludible- nos alberga)
-¡Ah! Masculinidad es así. Su nombre está cincelado en mi pupila (consideración recubierta de párpados). Su pecho de motas grises anida mi corazón. No hay infinito en la médula: Sólo la apertura de los apéndices y el plomo. Masculinidad contiene el diluvio (el cielo sangra), se sabe al derecho y al revés las tablas matemáticas (un número sin nadie) y garabatea con claridad la lista de la compra (espeleología de descuentos)…
(Hay desmenuzar la aorta con el pico del Zorzal, vértice adventicio)
-¡Ah! Ella no es así. Ni sé cómo se llama. Reconozco la holgura de su ilion (bruma sin sentido). Sus pechos liliputienses (la destemplanza en la imagen). Su alternancia o el dogma del ósculo como raigón del bien y de mal. Ella sabe las etimologías de cada voz que tengo. Latinismos y sus páginas. Respira al tiempo y despacio. Respira a destiempo y espacio. Ha sa nunca es ha sa con ella. Su respiración me confunde: casa o hacha…
(Zorzal vislumbra a las orillas como eventualidad, detritus de la hombrada)
“
En Siglos y Siglos le pregunto su nombre. “Laberinto”, me dice. Yo, desentierro el incisivo, evoco la transparencia del pezón. Observo al caracol sobre el adobe esperando Lobreguez. Su nombre (intuyo) es la mixtura de referencias territoriales.
Aureola f. Círculo luminoso que suele ponerse detrás de la cabeza de las imágenes // Fig. Fama // Ast. Luminosidad circular // Zona oscura de la piel // (Disco luminoso, el fanal) // Es la volatilidad inmune, fósforos sin encender // // “Ella resplandece como Laura” // Femenino es Laureola.
-¡Ah! Soy Laureola. “Merecedora de gloria”. (Del latín “Laurel”, Tesauro, p. 72). Soy una corona de imágenes: Preludios. Iniciación. Aserrín. Páramo. Masculinidad me nombra y el Dúplex se tambalea (sólo el cadalso prevalece). La ejecución es extensa: El hermético abrazo- es primordial. La derrota es el envés del tragaluz (las heridas subyacen). Masculinidad, al nombrarme, ha conquistado todos mis sitios…
(Zorzal extracta la catarata, el pezón deslustrado)
-¡Ah! Laureola ha perdido. (Mantén tu entereza, cuerpo). Laureola es conjuro, deshoras, molde para hornear galletas, bola de cristal. Laureola reconoce el significado de mis sueños. Sabe que mi sello característico es la inseguridad: la transpiración sobre la página, los intersticios de tinta, las premociones localizadas (lapsus que se concreta), el estremecimiento inconsciente. Pesadillas. “Soñé”, le digo y me malinterpreta en base a su libro de cabecera (Freud, Sigmund. Die Traumdeutung, 1899, p. ¿?). Laureola es el hombre gris o mi madre. Se confunde con los desconocidos al pie de la cama…
(Zorzal sabe que el contacto es inservible en Masculinidad, que en ningún tiempo y espacio es onirismo)
-¡Ah! –dicen ambos-. Alguna vez fuimos. Nos equivocamos. Nuestro modelo de conjugación verbal no incluía el futuro. La construcción de un hogar, el curso de superación personal, los partidos políticos, las tarjetas de crédito, el establishment…
(Zorzal espera el alpiste, Femenino y Masculinidad sólo saben el grano de mostaza en el lenguaje)
“
¡Ah! Tergiversamos el Verbo “parecer” con “perecer”. Hacemos ataúdes con la mirada. Raíces descarnadas brotan en ombligos. Nuestra frente se labra diariamente con un azadón. Zorzal insiste: “Cada arruga tuya es fatal”. Irremediable la Lobreguez. ¿Por qué hemos de morir? ¿Cómo traspasar la frase que reside en el Zorzal: “Árbol que nace torcido jamás su rama endereza”? (Dime con quién andas…Libro de los refranes, p. 95).