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Multifamiliar

October 11th, 2007 -- Posted in | 2 Comments »

Multifamiliar es la digresión de la persona. Los saltos al vacío, las heridas que se cierran. Se cierran en esta superficie que ha eternizado la Unidad, que contempla cómo arrastramos el pie hacia el centro, hacemos tiempo en la parada del autobús, atravesamos la fisura en la banqueta y la estatura de los edificios nos conmueve más que la miseria. El caracol en el helecho de plástico nos impregna de dudas y nulidad, cómo la baba nos reconoce en (lo ahora escrito) “cómo la baba nos reconoce 

Somos fractura. Las imperfecciones del agua se perfilan en la sucesión de ladrillos. Nada, nadie toca la arista de la geometría hecha a pie y a hircismo. Si no hay cicatriz, ¿en qué recae la apariencia? El rictus nos delata. Somos pocos en este lugar esperando el silencio. Somos pocos y hablamos la misma lengua, perdemos el Distrito Federal, reconstruimos los signos, ensanchamos el Distrito Federal, construimos los signos, edificamos el presente siendo rictus que nos relata. No hablamos con la lengua, hincamos el incisivo en la reineta. “Somos fractura†nos decimos en cada desgarre del rostro de Armando.

Fractúrame, dice Unidad y yo hago (o deformo) huesos, polvo en la azotea, paredes que caen y caen, pasos sin pisada (sin marca de agua) en los pasillos.

Coyuntura: Me alimento con la simiente y desdigo el perfil. Armando es el perfil

,

Armando bosqueja el juego sobre el cemento con un gis. (Rayuela, quisiera el Ciego, para sustituir el típico partido de fútbol con los escuincles del tres. Tres en el aeroplano invisible en la argamasa, justo en los límites de la portería. Tres metros bajo tierra sin cuerpo, sólo la uña hincada en el encierro, sólo los tablones que se descompone en la catarata del Ciego).

En el Multifamiliar, no hay presencia de fondo ni forma. Están las consecuencias del habla. (El residuo de los ladrillos es la ojera). Está el reflejo de lo que aún vive y nos alumbra: la espera. Está la pared que no grita, ni se encorva. Está la lobreguez que nos pisa. Somos pocos. La espera nos niega y nos regresa a lo desmedido, la espera sabe. No permanecemos en el Multifamiliar, las escaleras nos sobreviven, los metros cuadrados nos hacen y nos rehacen, siempre hay otro inquilino, siempre hay un departamento en venta, en renta. “En construcción”. Somos fractura. El memorial del sudor continúa el trayecto, el punto y el centro son testimonios inquietantes en el edificio: Somos pocos.

Somos fractura escuchando la disonancia del temblor, escuchando a la munición que atraviesa edades. Si no hay cicatriz, ¿en qué recae la mano? Labramos el desolado panorama con la lengua (espectaculares y panópticos de inicio de siglo), tallamos la cintura del hielo con la mirada (millones y millones, habitantes y hormigas). Si no hay cicatriz, ¿en que recae la palabra? En el silencio. (El Ciego dice que el clamor del cielo se entiende en una lágrima, que la rima es una tierra imposible).

La ingravidez concluye el verdadero peso: Somos los decimos la mitad de las cosas, que nos alejamos de las palabras, que hablamos el lenguaje de los ladrillos y de las paredes, de la saliente (geometría desigual en el rostro de Armando) y de la entrada al metro. “Viene, vieneâ€. Armando se expresa en un cambio de estación, en un rugido y “Viene, vieneâ€. Somos pocos en el andén, en el pasillo que nos divide y nos multiplica, y aún así somos pocos: El precipicio. Nos replegamos en nosotros mismos, no sabemos nada. Armando no tiene un diccionario a la mano, no conocemos la palabra “rumboâ€.

Armado es libre en el primer concierto de ska, en la soledad de la primera erección que lo despunta: “Hombre, casi eres un hombreâ€. Armando no es un Armando a punto de vivir. Armando no es un Armando que se circunscribe al equipo favorito de fútbol, al marcador cero a uno, a la diferencia.

No estamos aquí. No estamos aquí en el Multifamiliar para asemejarnos unos a los otros, para manifestarnos anónimamente como Todo. No estamos aquí para morir desterrados en la turbulencia, no estamos aquí para vivir en la pupila. Estamos aquí para deletrearnos, para ser legibles en el Multifamiliar.

Somos pocos

o

Unidad. Unidad Habitacional.

Armando muere en cada emisión nocturna, en las trenzas de Eloísa, en la prominente manzana de Adán, en los residuos del mismo gis que desescribe la ecuación sobre la pizarra. X=3 delata que Armando es inmediato, que habita en la pureza del

departamento tres, edificio C.