Archive for November, 2008

I

November 24th, 2008 -- Posted in | 1 Comment »

I



– Residir en la saliva, en el renombramiento.

 

O encontrar la manera de nombrar las cosas sin necesidad de decir “Estas cosas”. Sino escribir “voluta de humo”, “cuerpo impasible”, “residencia de saliva”. Encontrar una palabra que desplome la ausencia. Encontrar una mueca de fastidio que te transforme en un antifaz sin mirada. Encontrar un disparate entre tus labios que pulverice este desaliento que nos redime. Encontrar cómo reconocernos en lo no dicho.  (Hay que hurgar descorazonadamente las entrañas, desamarrar el intestino y colgarnos en el dominio de glóbulos y tuétano).

 
Encontrar la banca vacía en el parque, demoler la estatua del héroe que trasfigura a la gente. Encontrar el aguafuerte para desmigajar tu mirada hasta que,   sin que nadie lo espere,  reaparezcas en el canto de una oropéndola hecha cenizas.
Encontrar la pisada que agoniza al caer las hojas del albaricoquero.
Encontrar la catástrofe en las fosas nasales, la herida de agua durante el cortinaje del turbión.
(El lenguaje ecuménico del trueno).  

 

Encontrar cómo vivir al ritmo de un tronar de dedos,
cómo ser un eco sin resonancia en medio de este ruido.
(El primer recuerdo es el ruido, no hay opciones delante de un espejo: El pasado es pasado, nunca la hendidura entre tus senos).
Encontrar lo rumboso en una representación: Reunir el valor para encajar la mandíbula en tu hombro, para someterse al fondo y a la forma y, tal vez, sólo despojarte de supuestos, el cadáver y la palabra…

(Ya no hables a manos llenas.
Hablemos hasta descarnarnos la boca).

Eso es el silencio, hojalata y tejados.
(He lloriqueado hasta el basta en la tragedia de lo que significa ser una ventana: perder puertas, trinquetes, abertura).
Eso es el silencio, halagar a las palabras con la punta de la lengua.
Esto es que aquí no hay nadie y me dicen que tu cuerpo se ha blanqueado en pupila ajena.

Larga duración según Braudel

November 13th, 2008 -- Posted in | 1 Comment »

Se grabó la primera vez en que P. había estado ahí, inmóvil y automática, los labios delgadísimos y entreabiertos, esperando un falso contacto para hablar. Una silueta fina, en rewind. Se grabó, en estos tiempos, en un disco de vinilo. Los audiófilos morirían por ella, si se diera al canto. Yo, yo moriría por ella si tan sólo repitiera ese momento en mi LP. Tan rayado, tan pasado de moda. Sin esperanza de ser tocado porque P. no tiene tocadiscos a la mano. Magnífico, me dije cuando vi a P. entre los rostros abuelos. Esa es una estrella para llevar en el pecho. Una estrella aniñada, violeta y un sinfín de palabras de antaño que ya no tienen cabida. Se grabó la segunda vez en que P. había estado ahí, clásica y romántica. Una silueta asombrosa, en forward. Y yo con mi LP, pensando en su libertinaje de melodías prefabricadas. Yo ya le he dicho todo, todo menos la verdad. Y es que yo, yo por P. la locura del mundo. Es decir, yo la salvaría de la locura del mundo. Le inventaría un espectáculo quieto, que jamás se apagaría en la soledad nocturna. De paz: de horas dibujadas en el agua: de una lengua suavecita y ligera, como la seda. Ni siquiera le daría palabras, ¿para qué? Solamente necesitamos un monoritmo. Tararearía una misma canción de cuna (nos estacionaría en el fresco verano) para hacerla dormir entre mis brazos. Le daría mis brazos y mis manos, mis manos y no armas que tomar. Todas las batallas ganadas si tan sólo ella cantara. Y todos escucharan, y yo aplaudiera. Si tan sólo… (Una orquesta de libélulas para P.)

N

November 6th, 2008 -- Posted in | 3 Comments »

 

 

¿Cómo reproducir la voz de las sirenas? ¿Cómo perpetuar su canto después de que los corazones de los marineros se han arrugado? Las ensoñaciones salinas siempre parten los labios: La saliva no es necesaria para los que hemos derramado el alma gratuitamente en las fuentes de las plazas públicas. Nadie sabe si merecemos el canto de las sirenas. El amor que te tuve empuñó mi torso contra todas las piedras. No fui un héroe digno de mitologías. Resuenan tus oraciones en las orillas, no hay piedad para la derrota. La arena se anuda entre los dedos de los pies y mortifica las distancias: Hacía allá está el color de los peces. Se va navegando y la tarde cae gris. Hacia allá hay contornos, aquí se destruyen El sombreado no se invierte. El sol se opone en las rocas de fondo. La luminiscencia no traerá la claridad tan ansiada a tu boca enajenada, el señuelo aún está por confirmarse. Habita las aguas oscuras y desvanece las siluetas de lo que te contaron de niña. Desvanece el idilio de la sirena y los marineros. Desvanece la silueta de los pechos erguidos, las aletas contrariadas y el eco. El eco para capturar fósiles sembrados de espinas y veneno.

 

Empuñé mi torso contra todas las piedras. Lo empuñé sin saber cómo manejar los filos, su metodología escueta: Hazlo sangrar hasta que cante. Hazlo sangrar hasta que cante. Y los huesos descansan sin paz. Y los huesos titilan. Y los huesos bailan sobre tu tumba. Y los huesos te dan la vuelta. La visión y las estelas de humo hacen buena pareja.