Archive for December, 2008

Poemas en el

December 26th, 2008 -- Posted in | No Comments »

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December 17th, 2008 -- Posted in | No Comments »

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Por Jorge Flores

Los puntos débiles de la piedra

December 14th, 2008 -- Posted in | 1 Comment »

-Te regalo una piedra.

-Y aparece la pesadez en el pulso. Y los túneles carpianos denostan a la sangre. Quisiera tener un lenguaje elaborado para la derrota.

-Y nos miramos como se mira una señal (amarilla) de advertencia para los peatones.

-Te equivocas. La nuestra es la perspectiva de las alturas.

-No hay nadie allá arriba. Ninguna virtud para tenderme la mano.

-Volemos.

-Estás caminando hacia atrás, recogiendo los pasos.

-…

-Te regalo una piedra.

December 12th, 2008 -- Posted in | 1 Comment »

ÉL/ELLA observa la cuchara de cobre, con la mirada recorre la formación orográfica de varias capas de cardenillo verdoso. “El cobre es un metal noble”, piensa. Desgraciadamente, hay que tener incisivos puntiagudos para la nobleza: ¿cómo distar la eterna cantilena popular, grave y sin armonía, del ruego torpe y ferviente que se tropieza en la boca?  

ÉL/ELLA justo se lleva las manos a los ojos, a la boca, se lleva las manos a las manos y dice, en un susurro, “tu recuerdo se desliza como una serpiente coralillo en el desierto”, y dice, en voz alta, “ya no tengo sed”. Los párpados son el biombo que esconde la noche, la sucesión de detalles encadenados que dan una sensación de seguridad: alguien, aquí, resguarda nuestros sueños de los lobos ibéricos y de la luna llena.  
 

ÉL/ELLA se cansa del mismo rostro, ¿qué tienen entre los labios?

EL/ELLA se cansa del mismo beso, de la astringencia sobre la lengua, de la disposición de los labios, del perfil, de la sonrisa única (esbozo de claridad).

El beso, la velada, el beso, el listón, el beso, la mano que desenfunda señales obscenas con la intención no de ofender, sino de asegurar su posición. 

 

Él/Ella observa la sucesión de los días como una catástrofe inminente. Nada se resuelve cuando los alientos se encuentran. Es otoño. Las hojas cumplen su ciclo de vida: se marchitan y crujen, como los huesos.  

 

ÉL/ELLA desconfía de la retórica del pecho porque hasta las flechas de un arquero inexperto, descarriadas, aciertan en el blanco.

Desde la oposición de la espalda, ÉL/ELLA intenta defenderse, argumentando la necesidad ética de una declaración de guerra, los cargos de conciencia y la flexibilidad de tres costillas falsas.

ÉL/ELLA sabe que, en definitiva, la caja torácica es un argumento de peso que no puede ser refutado. Aquí está mi corazón clamando por alpiste y restaurando su canto, encerrado en una jaula ósea que, de lejos, parece hecha de un marfil que se hace más amarillento con el paso de los años.

December 12th, 2008 -- Posted in | 1 Comment »

A cuentagotas te guardo entre mis pupilas, el periplo de sal conquista reinos en el mar y sacrifica a muchedumbres enteras en nombre de las lágrimas: sólo de los huérfanos es la esperanza. La rendición ha llegado a los pómulos. Amotiné astilla por astilla del madero que me salvó en mi córnea: Te he pensado como un antifaz para ocultar de los demás la mirada con la que hago estatuas, mirando las cosas como si fueran mías, apropiando su faz de dureza.

La lengua de una raza antigua, preservando el silencio, enredada entre tus rizos: trastornando las palabras en briznas de saliva, atmósfera húmeda de edades que nos sobreviven. Una remembranza de lava, cenizas tu rostro, promesas que se hicieron piedra volcánica. Cenizas tu rostro, un rosario hecho con los dientes de leche para pedir salvación durante años y años, hasta que la injusticia rebasa la fe. Cenizas tu rostro, cenizas. Sólo de los huérfanos es la esperanza. Sólo de los huérfanos es el mañana.

December 9th, 2008 -- Posted in | 1 Comment »

–¿A cuántas lágrimas nos he deshecho?
No todo está perdido.
El infierno siempre se aleja en una cintura.
Ese parpadeo que no es un salto al vacío, el cutis que envejece…
Tus muertos y muertos a mis cuestas.
–A los muertos lo que es de los muertos.
–Al hueso lo que es del hueso.
Esto sí que no es un cuerpo.
Desnacemos en el alarde.

 

Yo espero la libertad en una rehechura de nematodos y desintegración ventral.
–¿Cuándo fue el temblor?
–Algo se borra, una fugacidad.
–Tú o yo.
“Tú y yo”.
Esta manera de verbalizarnos,  escribirnos sin reflejos de tinta.
–Él/Ella.
Azoramiento, extraño resentimiento cuando pronuncian tu nombre.
Ya lo escribiste.

No se encontrarán.

(Mira, aquí no estoy.

Encuentra la habitación.

El frutal del hueso que no anida sombras para la tranquilidad).

II

December 8th, 2008 -- Posted in | 1 Comment »

 

 
No apareces en el destierro de alguien que tiene tu nombre.
Una repasada frase te llama en el deshielo, la soltura del temporal nos hace ser ventana, mirar fachadas:
Somos una desnudez de labios que complace rostros y rostros.
Sabemos que la cercanía es esa penumbra que nos abraza, este deseo empecinado en hincar el incisivo en tu muslo.
 
Alguien se ha curado en tu muslo.

December 7th, 2008 -- Posted in | 1 Comment »

Mi Padre sitiado en el interior de mi boca es un signo fallido de la carne, apenas puedo decirlo en la fortuna de una masa etérea que se forma con las palabras: una expresión al azar, una frase que resuena en la campanilla.

Una duda (de repente) en tus labios hubiera sido suficiente. Un latido acompasado de tu corazón hubiera sido suficiente. Un par de nudillos anudados para acariciarme hubiera sido suficiente. Un  “no sé” dilatándose en la lengua hubiera sido suficiente. Un signo fallido de ausencia hubiera sido suficiente. Un empalamiento para las vísceras hubiera sido suficiente. Pero habría bastado un sí en los labios, habría bastado tararear “Cara al sol”. Habría bastado con que apagaras la lámpara de la mesita de noche, papá. Habría bastado con que me fallara el corazón antes de ser de ti. Antes de la pulsación, antes del agotamiento de la sangre. Habría bastado y hubiera sido suficiente con saberte desconocido (ajeno, extranjería) habitante de una casa sin ventanas.

December 3rd, 2008 -- Posted in | 2 Comments »

Las almas cabeceaban y yo desenterré tumbas en mi verdad de ojos, encumbré marañas de cabello y desfiguros, me vertí en sus costillas.

Si te confesara que te he visto llorar todas las muertes, Padre. Si te dijera que no eres de la esperanza, Padre, que no se percibe una inmediatez en esa mirada que repartes profusamente entre los desconocidos.

Míranos, Padre, somos cientos y cientos de cuerpos. Habla hasta descarnarte la boca, no te puedes consagrar en este cementerio. Los muertos han sido repartidos entre las humanidades que los reconocen.

Las orillas del río Bernesga reverdecen.

 “Aquí no hay nariz que rompas, aquí no hay espalda que lapides, aquí no hay pómulo que abofetees, aquí no hay tripas con las que ates tus condenas”, dijeron las almas antes de recogerse en la melodía canosa de la madrugada.

Oblicuángulo

December 3rd, 2008 -- Posted in | 1 Comment »

 

Los ángulos de la Pareja son el Rostro. La forma del miramiento es una figura circular que se inserta como lugar seguro interiormente de Lobreguez. La vena y la arteria son el fondo que tienen como propósito demoler a la Pareja. El latido que no gotea revela a la circulación que se detiene (tráfico de glóbulos). El Rostro es alabastro: las facciones son serpentinas que se adaptan a las circunstancias de Pareja (situación que disgrega). El horizonte es el hundimiento, es la esperanza que apuntala en el cristal escarchado. Rostro se rompe, es jardín de cristales. Hay nudo que jamás se desata, mientras el semblante se acopla al quicio (piensa en Shakespeare). Rostro busca al espíritu que al compás de la espineta, anhela tiempo y espacio. Rostro se reconfigura en la cerrazón, en la pieza ósea de cal (grafía del ahogamiento). Rostro se tensa y es oblicuo. Ángulo jamás rectitud.

 

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