February 19th, 2009 -- Posted in | 2 Comments »
“No romperás esta tormenta”, le dijeron y amarraron su amoratado pie a una barca que, con un pesado soplo de las nubes, no se deslizaba hacia el mar abierto. “Harán falta más nubes que las que cubren el cielo y no sĂ© de dĂłnde las sacaré”. No tengo mangas para sacar cirros por debajo. “Esto no es un manto que recubra tus cavidades Ăłseas”. La barca no se moviĂł y la columna empezĂł a respirar acompasadamente. HarĂa falta un respiradero para el corazĂłn, cortándole las alas y esperando a que los latidos dieran el primer paso y saltaran para hundirse.
“Ni romperás esta tormenta con el más digno corazĂłn”, me dijeron y me embarquĂ© rumbo a la isla más cercana que todos conocemos: el dolor. Y, asĂ, transcurrieron los dĂas hasta que los vientres de los muertos no estuvieron hinchados como el resto de mi cuerpo. No sĂ© si la sal del mar es capaz de conmover mis extremidades hasta destensarlas y hacerlas llorar. No sĂ© si los supuestos acuáticos volverán a ser realidad. (Espero la descomprensiĂłn de los nervios).