Arianna

El agua tiene sus razones para la encrucijada: “Cada manera de llover ha acobardado a los rizos”. No hay espirales sino la cadencia de las gotas.

Tal vez siempre hubo suficientes manos para desbaratar mariposas. Tal vez siempre hubo dedos succionando el líquido disimulado de nuestro secreto.

Siempre sí nos plisamos en una espiral. Siempre sí reflejamos la luz.

Nuestras alas no sugieren ojos. (Aún no sé si alguna vez fuimos la fragilidad de una membrana).

Tengo una urgencia de larvas, lenguas enrolladas alimentándose de mi intuición. Aún no rompo la crisálida (y puede que sea tarde para la metamorfosis).

“Tengo menos sueños”.

Los dedos para nombrar el tránsito de la lluvia no hacen las manos necesarias. Esas manos aguardan en la atarjea para enmarañar a los rizos.

Hemos llovido hasta empañar ventanas, apenas chispeando entre los cirros y la banqueta. Nunca hemos sido tromba, volutas alcanzando el suelo, estragos termales: Hay que inundarnos.

Apenas observamos el viento entre los árboles: me hice de piedra. No tuve rostro. “Es la antigüedad”, te dije y me diste la espalda. Nadie inventó la arandela entre los grises edificios que resguardaron los rizos de esa irritante noche.

–No quiero regresar a la tierra–, dijo Ella desde la rambla.

No he desenterrado esas tumbas, solamente las flores muertas que se pulverizan con las lágrimas.

Todas las entrañas desembocan en el mar abierto.

“No tienes que confiar en mí”.

“Somos deriva, seres salobres”.

Tú no sabes lo que podemos creer…pero hay una razón (distinta a la escama) para habitarte en el agua.

May 01 2008 06:01 pm |

One Response to “Arianna”

  1. ary Says:

    III

    Tienes un problema con los grises.
    Grises de piedra, grises sonámbulos
    (he de proponerte a mi manera
    que a veces eres de cuchillos afilados).

    Regresamos la noche y nos dijimos
    “misas” enclaustradas. De repente
    el río se volvió oyente y escuchaba
    tus sentidos (frágiles membranas).

    El grito no tiene más que una boca:
    este color (cuando cierro los ojos)
    no viene de mí.
    -Me hundo como un escorpión-
    y la belleza duerme con la luz.

    Como ves…
    Nunca perdí mi vocación de oyente,
    se me fue el nombre
    pero sigo tu secreta “evolución”;
    me cuido la vista para entender
    tu locura visceral.

    Si el mar abierto es tu tumba
    te he escuchado siempre.
    Propones alas cuando existen ojos,
    (yo estaba pensando en almas).

    El ser tantas cosas de una imagen a otra
    me improvisas: cada página es el precio
    de una espera. El cuerpo y el alma esquilados
    serán tus voces como memoria a mis
    ojos (de nuevo escribo ojos).

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