A veces pienso en ti, en el compás ennegrecido de las puertas que se cierran al atardecer como si hubiera alguien más aquí. “Sé bailar esa melodía”, digo y mera palabrería. (Este territorio decolorado con un rosario de burbujas). En el umbral, doy mis oídos una cacofonía de áncora dándole la vuelta a las bisagras y advirtiendo un tapete de “Bienvenida”. A veces pienso en ti, en tus palabras para saltar las rejas y despintar bardas (nunca hubo esa hilera de vidrios para los ladrones). El alfeizar ha vencido los tabiques. “Sé construir pétalos con cemento y varilla”, digo y magia únicamente. La revista de decoración dice que hay que cambiar las apariencias. (Sigues siendo la misma casa, sigo siendo el mismo corazón homeless). A veces piendo en ti, puerta de vaivén para el impuntual beso, retrasando un suspiro contenido. No sé si tocarte. Reconozco el perímetro para el Imperio. Tal vez ni siquiera hay dintel: lo que nos sostiene está en mi cabeza. Todas esas llamadas no son al azar. A veces piendo en ti y me tiemblan las manos. Hay que atinarle a la aldaba, meter la llave y dar la vuelta precisa. Debo dar el primer paso. Darlo sin atrancarme contigo porque todos estos temores están dentro, tan dentro de mis huesos. Nada de cerrazón, tengo que desguarnecer mis cerraduras por naturaleza hasta sacarte de quicio. Pienso en ti y en el viento que cierra las puertas haciendo que, tarde o temprano, estés aquí. Y yo lo beso, lo beso por ti.

May 05 2008 03:02 pm |

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