Mi Padre sitiado en el interior de mi boca es un signo fallido de la carne, apenas puedo decirlo en la fortuna de una masa etérea que se forma con las palabras: una expresión al azar, una frase que resuena en la campanilla.

Una duda (de repente) en tus labios hubiera sido suficiente. Un latido acompasado de tu corazón hubiera sido suficiente. Un par de nudillos anudados para acariciarme hubiera sido suficiente. Un  “no sé” dilatándose en la lengua hubiera sido suficiente. Un signo fallido de ausencia hubiera sido suficiente. Un empalamiento para las vísceras hubiera sido suficiente. Pero habría bastado un sí en los labios, habría bastado tararear “Cara al sol”. Habría bastado con que apagaras la lámpara de la mesita de noche, papá. Habría bastado con que me fallara el corazón antes de ser de ti. Antes de la pulsación, antes del agotamiento de la sangre. Habría bastado y hubiera sido suficiente con saberte desconocido (ajeno, extranjería) habitante de una casa sin ventanas.

December 07 2008 01:38 pm |

One Response to “”

  1. chema Says:

    A veces percibo en tus letras un conflicto con la masculinidad que se transfiere, por ejemplo, a esta imagen del Padre(“habría bastado tararear Cara al Sol”), como si la proyección paterna haya significado para vos, no diría un trauma, pero sí una fustración personal. Ya le has dedicado varios poemas aquí a ese Padre(pienso en Babia) un tanto simbólico que parece pertenecer más al mundo de los muertos que al de los vivos.
    De cierto modo, me recuerda a mi propia relación con mi padre que está vivo pero pertenece desde hace tiempo al reino de los muertos. Igual deliro un poco.
    Un comienzo deslumbrante, y un final, lo mismo. Qué bien cierras siempre los textos.
    Por lo que veo, te has recuperado bien del “fallo cardíaco” en el taxi. Es que los asientos traseros de los cabs no son adecuados para ciertas cosas, je, je…
    Besos.

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