A cuentagotas te guardo entre mis pupilas, el periplo de sal conquista reinos en el mar y sacrifica a muchedumbres enteras en nombre de las lágrimas: sólo de los huérfanos es la esperanza. La rendición ha llegado a los pómulos. Amotiné astilla por astilla del madero que me salvó en mi córnea: Te he pensado como un antifaz para ocultar de los demás la mirada con la que hago estatuas, mirando las cosas como si fueran mías, apropiando su faz de dureza.

La lengua de una raza antigua, preservando el silencio, enredada entre tus rizos: trastornando las palabras en briznas de saliva, atm√≥sfera h√ļmeda de edades que nos sobreviven. Una remembranza de lava, cenizas tu rostro, promesas que se hicieron piedra volc√°nica. Cenizas tu rostro, un rosario hecho con los dientes de leche para pedir salvaci√≥n durante a√Īos y a√Īos, hasta que la injusticia rebasa la fe. Cenizas tu rostro, cenizas. S√≥lo de los hu√©rfanos es la esperanza. S√≥lo de los hu√©rfanos es el ma√Īana.

December 12 2008 12:06 pm |

One Response to “”

  1. chema Says:

    “La lengua de una raza antigua, preservando el silencio, enredada entre tus rizos: trastornando las palabras en briznas de saliva, atm√≥sfera h√ļmeda de edades que nos sobreviven.”

    Qué belleza.
    Aunque soy hu√©rfano de esperanza, reconforta pensar que s√≥lo a los h√ļerfanos nos pertenece la esperanza.

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