La restitución de las cosas

Estas cosas tienen una naturaleza desordenada

Su verdadero origen está en lo indefinido,

en lo informe

Forman parte del caos 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Para hablar de ¿Sofía? tengo que (re)definirla como una cosa

Tal vez un ente limitado con una función precisa:

la conjugación del verbo destruir en todos sus tiempos  

(Reconozco las formas del verbo: un abrazo de más / Alguien sale sobrando). 

Carente de contenido material, Sofía no era alguien

Es algo

(Concepto formal que la define) 

Hay tantas cosas sin concretar 

      Sofía sólo existe pero no es

      (Apenas la recuerda)

Destruir es un verbo completamente irregular 
 
 
 
 
 
 
 

      Ella ha nombrado a todos los objetos con el nombre de Sofía

Adjetivos de solidez, fugacidad, liviandad en el tacto

Hay algo más sólido que esos labios, picaportes a kilómetros de aquí 

No hay comparativos, ni superlativos

Sólo Sofía

Sólo palabras que la significan

(O la connotan)

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                         Fugacidad, en particular, tiene un significado personal para Ella: estar donde no se debe de estar 

Lugar equivocado, momento incorrecto

Vivencia intacta, litografía que observas detenidamente

Kandinsky y “Balanceo” 
 
 
 
 
 

Sofía sólo estaba ahí, perduraba entre el ir y venir de las cosas. Entre la plenitud y las áreas de color de su vida: trabajo gris medio, fin de semana verde pasto, noches azul ultramar, Sofía carmín. Abstracción para la colectividad o intimismo para Ella, quien sabía que (la litografía y la fugacidad) estaban ahí cada vez que los párpados se rendían en la batalla librada día con día. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Lugar equivocado, momento incorrecto.

      Los labios

pliegues desgastados de una carta

     eran ambarinos

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                                    (Sería lo último que recordaría) 
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             

Sofía la miró. Su cara se mantuvo inmóvil, una fotografía. La resequedad en los labios fue la primera expresión. Luego, la fotografía fue el antecedente del corto cinematográfico. Un espacio independiente. Un primer movimiento: un gesto. Ese gesto sustituyó todas las palabras: le guiñó un ojo. Ojos pequeños y rasgados, expresaban sensualidad. Sólo eran colores. Todo lo demás era cuerpo. Eran estas cosas pero siempre el cuerpo.  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Nosotras invitamos a las sombras a estar al acecho

Alguien ha muerto aquí, fue la única enseñanza 

Ojos rojos e hilillos de saliva escurriendo por la boca,

los pechos de los sapos hinchándose furiosamente

 

      Sofía le había guiñado un ojo, hábito de toda relación

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             de la misma manera en que contoneaba las caderas,

levantando la blusa para revelar sus (apenas) visibles estrías. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Confesión de que conocía todos mis actos y que estos actos eran sólo repeticiones: como el guiño: como la antiquísima danza pagana de sus caderas: como el rompimiento en nuestra piel: la complicidad.  

Todo lo demás ha sido olvidado.  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Es lo último,

los labios es lo último que recuerda

Sofía como un presentimiento de que todo cambiaría

Era un error

Nada ni nadie podía evitar las cosas que sucederían

Cosas como la destrucción.  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

La aprehensión de la soledad.

La traición es el ejercicio mediocre de la libertad.  

      El único recuerdo es Sofía o un presentimiento

Algo sucedería

Algo desencadenaría una acción, conduciría a estas cosas

Divisiones dualistas están de más 

No era nada extraordinario como se conocieron

     La disposición de estas cosas siempre era la misma

“Balanceo” es una posibilidad de abstracción, un beso también

     La idea del columpio como contrapunto

La yuxtaposición de formas: la idea del dolor

     Cualquier figura esférica es una línea

Un cuerpo de revolución, de destrucción

     De brillante colorido, todo es figurativo.  
 
 
 

“Todo es relativo, amor”.  
 
 

      “¿Cómo te llamas?”.

      ¿Cuándo perdió su nombre?

Siempre había sido Ella

     Pero la disposición de las cosas también cambió: la casa no significó casa, morada, refugio

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           Sofía era vida o muerte

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               Sofía era la casa.  
           
           
           
           
           
           
           
           
           
           
           
           
           
           
           

Una ventana no es un suceso común, la casa sólo tiene una puerta que permanece cerrada. No hay salida en nosotras. Siempre imagine una ventana: un niño negro, agazapado, las hebras de su cabello rizado son alambres. Él esperaba afuera. Está lejos de la vista de Sofía. (No puede verlo, no lo ve). Lo llame Negro. “Es sólo un color, un fenómeno físico de la luz, espera a que oscurezca”. Negro estaba siempre. Día y noche. Negro esperaba más allá. “Más allá” como concepto de esclavitud. Del sometimiento, de la pérdida de voluntad, de sin Sofía. “Aquí contigo soy libre“, le decía a Sofía, confiando en que nunca encontraría esta ventana, a menos que pudiera ver a través de mis ojos. El tic tac y la vida comenzaba.

December 18 2008 12:36 pm |

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