Si puedo retener el espasmo en mi lengua –esa estatua de sal que se derrumba al tronar dedos–, entonces el vaho es el culpable de la caries, de la saliva cayendo en hilillo. En tu precisión de nervio hay un tambaleo: Asirme a tu flanco me hace cuerpo dimitiendo lo intangible. En la deslumbrante izada del ilion nombramos un testimonio, coherencia de dientes, una certeza de muslos. Confieso que hinco el incisivo en tu hombro –limada dermis que me permuta– sólo para ser inconsecuencia. Tu ombligo es el hervidero de la soledad. Si puedo deshacer tus talones en un crac, que no quepa el corazón en tu pecho. Te digo que no hay porqué resentir el latido hasta el pulso de la sequía. La humedad nos prolonga, simulacro de quebrantar arterias en gemidos. Aquí el manoseo, aquí la realidad del infinito: Te siento hasta el colchón.  Haciendo la guerra desacierto el lugar común, virando la frase a “pecho cielo” para que me despliegues. No devolveré el sosiego a tus manos, la drupa es una penumbra que no me hace falta. Debo morir abatiendo, abatiendo tu cuerpo, nitidez de la pira. Debo morir en este embate que me insinúa el universo en tu pulgar. Si puedo entretejer tu cuerpo sin un dedal, entonces que venga el vértigo, que nos venga/

January 18 2009 01:44 am |

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