“Con un abrazo salvó la vida de su novia”

Tápices de hojas triates y bugambilias sobre los cuadritos de la acera. Mi ombligo se propone ser un pozo (único) ante la superficilidad de los días secos. Ayer cayeron baldes de agua fría desde el cielo, llovió hasta el hartazgo. Solamente así pude sumergirme entre el concreto y las várices de metal.
El ceño fruncido.”Pecho tierra”. Las venas y las arterias demarcan nuestros corazones, como si hubiera una oportunidad para que nuestras uñas escarben y encuentren su propia tumba.
“Estaré contigo”.
Intento entender a los nudillos como una capacidad de perdón, diciendo que nunca hubo un puñetazo directo en la mejilla contraria.
“Estoy con ella”.
Hacer todas las ofrendas de una simple petición: quédate.
Pero es que es tan poco, tan poco que ni siquiera honra a nuestra memoria. Entonces, el cello fruncido nuevamente. Prometerte todos los días, mañana. Prometerte el pasado mañana. Corazón a rayitas. Calcetines de colores rebosando los cajones. Un estado de consulta: “¿Te abrazo?”, me preguntas. Un estado de disminución: “¿Me quieres?”. Corazón a cuadritos. Calcetines mojados en todas las calles. Un deseo que sobrevive hasta que alguien se mete un cerillo a la boca y deja de respirar. Un balcón esperando la redención. Una serie de fotografías alineadas. Un anuncio publicitario de detergente. Más calcetines de colores hay en la calle. Mojados. Se decoloran, lo gris caracteriza la cotidianidad. La serie de fotografías es en blanco y negro. Tu sonrisa enmarcada en mi corazón. Corazones y calcetines para meterlos en el bolsillo. Corazones que abundan en las esquinas. Corazones que se te ofrecen. Calcetines que te regalo. Corazones que no quieres. Calcetines que clavas en los postes. Mi corazón a prueba de balas. Calcetines mal cosidos.
Entonces, ceño fruncido. Arruga en la frente. Arruga para siempre.
Mi corazón no aguanta el ardor del puñetazo de ayer. Calcetines que se deshilachan. Calcetines al dos por uno. Corazones que cuestan quince pesos. Estados mínimos. Estados futuros. Como si estuviera dado. Como si las aceras las barrieran diariamente. Como si los tápices no fueran hechos de esta naturaleza viva. Pero, ¿mañana? ¿Mañana amanecerán los charcos? ¿Mañana estarás conmigo? ¿Mañana será mañana realmente? Mañana no habrá duda de que el barrendero se llevará estos tápices para decorar su casa pero ya estarán hasta el hueso.

May 14 2009 10:44 am |

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