January 13th, 2009 -- Posted in | 2 Comments »

III

ÉL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quiero estar contigo de día y de noche

En lugar equivocado y en el momento incorrecto.

 

Predicho, dicho y hecho

Ella era Él

Sofía despertó entre los brazos

De noche, todos somos otras personas”, pensó

Éste rostro es el verdadero”

 

Las canciones cambiaron de género: nanana era masculino

Él sabía quién era Sofía, pero Sofía no sabía quién era Él

Sabía nombrar las cosas

 

- A esta cosa, se le llama relación. A esta relación, se le llama amor. Eso es lo que tenemos.

 

 

 

 

 

 

 

 

La realidad geométrica de Sofía era siempre la misma. Las aristas. Círculo como recuerdo de una línea. Ya no la vivencia. Él le regaló una litografía de “Balanceo”, Sofía desconoció a Kandinsky y apenas miraba las formas dispuestas. La fuerza y el ritmo dinámico sólo estaban en “Balanceo”. Los colores no existían. Era una pieza musical que nadie escuchaba, sólo Negro y Ella, que era Él. El enojo de Sofía como un cuadrado obtuso. Esa realidad. Ver todo como un poliedro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Él le regalaba violetas cada semana. Las flores se marchitan pronto. “Es la vida, una tapia en ruinas: una flor que es piedra”. Las manchas sobre la alfombra beige habían desaparecido y un aire suave iba y venía en la habitación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La ventana siempre estaba abierta

Sofía solía mirar haciafuera, esperando encontrarme

Pero jamás pasaba de la puerta

Él decía que no había ventana alguna cuando Sofía hablaba del ligero viento

 

Él pensaba en la naturaleza de las cosas

En este orden natural

Así es como tiene que ser Sofía, estamos juntos. El público nos aplaude”.

 

- Todas las cosas tienen su nombre – dijo Él

- Lo sé – respondió Sofía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sofía había creado a este hombre con el poder de su mente. Se había imaginado que estaba en el orden natural de las cosas. Todo como debía ser. Sentir los brazos viriles, la cara angulosa, la frente prominente. Pero sus labios blancos. “¿Por qué mis labios blancos?”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando te destruyo, me siento viva”

¿Cómo puedes destruirme? Si tú me has hecho

Yo soy lo que tú quieres, lo que necesitas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sofía tenía treinta años. “Futuro” era inexistente en su vocabulario, específico para sus cosas. El tiempo ya podía medirse. Horas, minutos, segundos. Días, meses, años. Todo el pasado era su futuro. Su corazón apenas latía. Recordaba que su piel conoció un sudor foráneo. “¿Quién eres?, ¿dónde estás?”, se preguntó. Cerró los puños. “Es lo que te mereces”, pensó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sofía perdió la ventana, encontró el clóset

Se encerró en él

Había una colchoneta apolillada

Manchas de grasa sobre los cuadros grandes

Le recordaba a su uniforme

Las fuentes de luz se perdían en la madera hueca

 

Esto somos nosotras”, murmuró Sofía

No. No somos nosotras. Ni la ropa vieja de nuestros padres. Pero tú me llamaste “bonita” cuando use la chalina de mi madre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Él no la buscó. No entendía las cosas. Apenas había descubierto que le crecía fuertemente el vello facial en las mejillas. “¿Quién soy?”, se preguntó Él. Pero nadie le respondió. La casa estaba vacía. El cortometraje en blanco y negro se detuvo. No era el final. Menos el intermedio. El público se retiró.

January 8th, 2009 -- Posted in | 1 Comment »

–¿Y, Masculinidad me ama? Sólo Tesauro especifica contigüidad. (Y sólo Tesauro nos mantiene juntos en la Lobreguez). Somos cuerpo sin escritura: las lexicografías son nuestro punto de partida. La yuxtaposición de “nosotros” se basa en… Doseles. Librero. Dúplex. Buró. Toallas. Mugs. Distingo mi  pulso de sequía: Contumelia. “Nosotros” es obturación: Vértigo del compartir. “Nosotros” es conjugación de Verbo –reclamación del hábitat para organismo- en pretérito perfecto. “Hemos existido”, “hemos sido”. En este eco, se intensifica el galope de mi sangre: Demoro el latido, precipito la respiración (enemistad con las sienes, reclusión del atisbo). Huir, insisto, es una resonancia.

 

 

Cajón de estacionamiento

January 5th, 2009 -- Posted in | No Comments »

Y es, entonces, que el GPS se ha dislocado. Y es, entonces, que en la cajuela ya no cabe nada. Y es, entonces, que te has equivocado de RECEPTOR PRÓXIMO. Y, es entonces, que no tienes nada que empacar. Y es, entonces, que el volante sólo está entre mis manos. Y es, entonces, que no hay asiento de copiloto. Y es, entonces, que no sé manejar con prudencia. Y es, entonces, que no te sentarás aquí. Los dientes frontales separados jamás han frenado y no lo harán. Así me regalen un cajón de estacionamiento, no frenaran. No frenaran porque saben que ese aparcamiento está debajo de un rascacielos que jamás toca el cielo. No frenaran, no frenaran. Los dientes frontales separados no se encajonaran en tu estacionamiento de primera ni encajaran en tu boca de lujo.

Las metáforas del agua

January 2nd, 2009 -- Posted in | 2 Comments »

Para la ausencia de las armas, el único escudo son las metáforas del agua. No estoy bebiendo de la humedad directa sino que me doblego con la más elemental figura retórica: sucinta y asequible.  Estas ejecuciones de palabras conformes -que no van más allá como han sido constituidas amañadamente en el lenguaje- son para saber vivir el miedo. “Hay un río en mi pared”. “Hay un río cuarteando mi pared”. “Hay un río indundado la casa seca”. Las piernas podrían temblar ante lo básico: un orgasmo es una metáfora del agua. Entonces, ellas entreabren la fantasía como una versión actualizada al 2009 de la certidumbre. Entonces, él no me decanta sino que me traga y tengo que ser fálica como si fuera una obligación inmediata aunque, en realidad, está dado. Me es natural. Soy fálica con ellas sin quererlo ser. Con él concientizo las mondaduras de un cítrico. Ellas están en gajos, con pepitas. La pulpa fresca también es una metáfora del agua.  Es el meollo del asunto: Con la semilla puedo plantar un árbol frutal. El que más desee. La corteza de la mandarina limpiaba las manos de mi abuelo. Las aromatizaba y su presencia inundaba la tierra, como si él fuera de ella. Él, entonces, es solidario y comparte las estaciones. Ellas pudieron ser solamente un agregado de incandescencia de rocas y fluidez. A veces, creo que el mar también es una metáfora (la más cercana a la imponencia del solipsismo) del agua. Sin embargo, está manoseado y lo traigo pegado a la lengua: Las gradaciones del azul, la melancolía, la reproducción mecánica de este color en ellas. Él, la isla.

 

Es ahí, entonces, que la humedad es una nonada. La más importante de todas.

Ésta es la ausencia de las armas: saber nombrar al agua por lo que es: destrucción.

II. Ella

December 29th, 2008 -- Posted in | 2 Comments »

El rostro de Sofía era otro

No volvió a abrazarme con los pies

Hombre” significa destrucción.

 

“Hoy no puedo amarte”, dijo Sofía. “Hoy es hombre”

“Hoy yo se dice ¿hombre?”, rebatió Ella

 

Ella perdió su nombre

Ya no era Ella

Sino apodos o diminutivos

(Superlativos si se enojaba)

El diccionario tuvo que ser revisado

La palabra “hombre” fue agregada y desaparecieron los colores

Kandinsky era sólo un personaje histórico, un pintor ruso innovador de arte abstracto pero no tenía nada que ver con Sofía y Ella

 

Las cosas empezaron a dejar de ser cosas

Sofía las nombraba como “cita”, “relación”, “contacto”, “remordimiento”

Palabras con ce y con erre

El diccionario se volvió práctico

Todos podían entenderlo: era el mismo lenguaje.

 

 

Dos palabras tienen un mismo significado: hombre y mujer, mujer y hombre. No hay diferencia. La sutilidad recae en una semejanza de sentido. Sofía me amaba a mí. El lenguaje nunca nos permitió elegir pero Sofía decidió por nosotras. Me impacienté por no saber la palabra exacta. No me importaba si era armoniosa o políticamente correcta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los huesos ya no estaban hasta el colchón

Se quedaban sobre las sábanas

Veían la cadera inmóvil de Sofía, quien tenía fe y ya no bailaba más danzas en nombre de ídolos

Empezó a creer

Se volvió contemplativa

Su centro y objeto de fe fue alguien más: la espera

Todo cuanto existe, no era creado por Ella“, pensó Sofía

 

Este contexto era la pieza perfecta del rompecabezas

 

“Sólo te necesito a ti”, dijo Ella

“Yo necesito a alguien más”, contestó Sofía

 

 

 

 

 

 

 

Ella la acompañó a todas partes

Escuchó como las mismas palabras pero para diferente destinatario, salían de la boca de Sofía

Los labios eran blancos

No tenían vida

El cuarto beso estaba sin amar

Sofía esperó el momento adecuado

Ese fue el momento en que todo perdió el matiz

El lienzo se rasgó

No podía esperar nada alrededor

Sólo había palabras como destellos de un pasado que alguna vez compartimos

Palabras como naturaleza muerta que alguien pintaría y los críticos dirían: “obra maestra”

Es el tradicionalismo

Realismo“, lo llamaría Sofía

Seamos realistas, jamás estaremos juntas”

Los celos se parecían a los platos sucios sobre el fregadero / La gente chismeando / En su lenguaje, en nuestro lenguaje / El lenguaje de todos porque Sofía era así

 

 

 

 

Los demás conocen nuestro lenguaje

 

- Estoy luchando a muerte contra ti.

- Sólo para ti son mis secretos.

 

Era el momento

Sólo para Sofía

¿Cuándo se lo diría?

Se le había olvidado su nombre

Había tantas maneras de llamarla, que no estaban en el diccionario

No importaba

Todo terminará”, se decía Sofía a sí misma

Les decía a/

A los demás que hablaban el lenguaje…

Se lo robaron

Se lo robaron, robaron el diccionario y mi Sofía

 

 

 

 

 

 

 

- Define lo que tenemos – pidió Sofía.

- ¿Cómo? – preguntó Ella.

- Dale un nombre.

- ¿Para qué quieres saber el nombre?

- Porque quiero tenerte.

- Me tienes.

- Tú también me tienes pero no te diré de qué manera.

- Sé lo que significa la soledad.

- ¿Ese es el nombre?

- Debemos representar las cosas tal y como son.

- No te vayas. Quédate conmigo.

- Espera quieta por mí niña de colores.

Poemas en el

December 26th, 2008 -- Posted in | No Comments »

pp

December 22nd, 2008 -- Posted in | 3 Comments »

La escuché por primera vez

Aprendí a hablar con sus senos liliputienses

A entender el Triángulo de Scarpa, en su muslo firme, como plañido

A ovacionar ante el contoneo de su ilion

A traducir sus estrías

A divergir y divagar entre su ombligo y más, más allá Negro me esperaba

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Saqué el diccionario, no encontré la definición de Negro. Consulte “Río”, sinónimo de casa, de ventana. La ventana estaba entre sus piernas. No tenía que imaginarla más. Ya estaba en casa. Hundí mi nariz en su ombligo y Sofía frunció los labios como el primer día. Un segundo beso: repetición de la consigna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así aprendí nuestro lenguaje

Cuerpo siempre era parte de la contraseña para entrar a la casa

 

Lo demás lógica

Contrastes

Sencillos silogismos

La quemadura en la rodilla versus las coartadas, amor verdadero

La ansiedad versus la estupidez de la razón, amor verdadero

El semáforo (casualmente) en rojo versus el tic tac incesante, amor verdadero

 

Sofía versus todas las personas: su cara era todas las caras

Forma superior de razonamiento lógico

Cara, fuerza fundamental

Sofía, Sofía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La danza iniciativa entre los dedos: el ritual

Las manos de Sofía haciendo figuras en el aire

Para sorpresa de Ella, Sofía dijo:

- Hay humo en la habitación. Me gustan las palabras con hache. Haspirar, Henemigo, hignorancia, horigen, hurgencia.

 

Himen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El silencio no regreso pero Kandinsky apareció en la habitación: Composición VIII nº 260. Una vibrante composición. Dispuso de los colores y formas geométricas. Nos hizo lugar geométrico, dos puntos en el plano cuya distancia era mínima. Acción y movimiento.

 

“La lección natural de mi vida”, le aseguró Sofía, “es amarte”

Kandinsky lo sabe. Lo expreso antes que yo. Kandinsky es el método más sutil para comunicarnos. Él dice te amo y yo también.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sofía retiro los dedos

La ventana se mantuvo abierta

Negro observaba a lo lejos, una lágrima se resbalaba por su mejilla

El cuchillo oxidado sobre su brazo

El espacio, obstáculo

No entre Sofía y Ella

Sólo la sensación de espacio era eso: una sensación, una mentira. Ella tenía el corazón acelerado

Los latidos eran el ruido

Había pronunciado sus primeras palabras

Sofía, la sonoridad

Sofía, Sofía

Ella había nacido

Todo quietud, luego el guiño de ojos

La sensualidad inacabada

La edad

Kandinsky en los estantes

La almohada y Sofía

 

 

 

 

 

La teoría de Sofía sobre Kandinsky

Balanceo entre las piernas

Las manos en septiembre sobre la falda de cuadrados del uniforme

Octubre, noviembre

Las manos ya no eran manos, eran parte de la piel de Ella

La falda rebasando el límite impuesto por el reglamento

Las rodillas colisionando

Las onomatopeyas ahogadas

Esconder las palabras

Bastaba con mirarla para comenzar

Recomenzar

Basta con decir ya basta

Esas palabras no estaban en nuestro diccionario

Balanceo” y Kandinsky / Y Sofía y noche / Y el lenguaje /

 

 

 

 

 

 

 

 

Y los huesos hasta el colchón. Después. Las manos de Sofía, reposaban distraídas sobre su cintura. La desnudez era la vestimenta. El río artificial. Somos un río hacíabajo. Al día siguiente, todo era lo mismo. Sofía hablaba trivialidades, nada cambiaba en su rostro. Las manos huesudas y largas separaban mechones en el cabello de Ella, mientras observaba el lunar en el hombro. “Sirena” le decía Ella. Sofía se cubría con pudor. Luego fruncía los labios: tercer beso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El caserón se transformó en el mundo. Las bancas fueron separadas. Ahora eran butacas. Nadie aplaudió. Sofía quería ser la protagonista. Siempre lo fue, pero nos empezaron a señalar. Las manos entrelazadas eran comunes pero los besos a no. Ni tampoco las continuas (y contraproducentes) visitas al baño, los encuentros clandestinos. Usamos un eufemismo: amistad. Nunca fuimos amigas desde que la escuché por primera vez. Desde cuerpo siempre. Nos escondimos de las palabras de los demás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su lenguaje comenzó a deformarse

Los signos corporales se volvieron orales y su uso se fue limitando

Los sonidos invitaron al silencio

Ya no sabían que decirse hasta que Sofía dijo una palabra que no estaba en el diccionario: “Hombre”.

 

 

La restitución de las cosas

December 18th, 2008 -- Posted in | No Comments »

Estas cosas tienen una naturaleza desordenada

Su verdadero origen está en lo indefinido,

en lo informe

Forman parte del caos 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Para hablar de ¿Sofía? tengo que (re)definirla como una cosa

Tal vez un ente limitado con una función precisa:

la conjugación del verbo destruir en todos sus tiempos  

(Reconozco las formas del verbo: un abrazo de más / Alguien sale sobrando). 

Carente de contenido material, Sofía no era alguien

Es algo

(Concepto formal que la define) 

Hay tantas cosas sin concretar 

      Sofía sólo existe pero no es

      (Apenas la recuerda)

Destruir es un verbo completamente irregular 
 
 
 
 
 
 
 

      Ella ha nombrado a todos los objetos con el nombre de Sofía

Adjetivos de solidez, fugacidad, liviandad en el tacto

Hay algo más sólido que esos labios, picaportes a kilómetros de aquí 

No hay comparativos, ni superlativos

Sólo Sofía

Sólo palabras que la significan

(O la connotan)

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                         Fugacidad, en particular, tiene un significado personal para Ella: estar donde no se debe de estar 

Lugar equivocado, momento incorrecto

Vivencia intacta, litografía que observas detenidamente

Kandinsky y “Balanceo” 
 
 
 
 
 

Sofía sólo estaba ahí, perduraba entre el ir y venir de las cosas. Entre la plenitud y las áreas de color de su vida: trabajo gris medio, fin de semana verde pasto, noches azul ultramar, Sofía carmín. Abstracción para la colectividad o intimismo para Ella, quien sabía que (la litografía y la fugacidad) estaban ahí cada vez que los párpados se rendían en la batalla librada día con día. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Lugar equivocado, momento incorrecto.

      Los labios

pliegues desgastados de una carta

     eran ambarinos

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                                    (Sería lo último que recordaría) 
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             
             

Sofía la miró. Su cara se mantuvo inmóvil, una fotografía. La resequedad en los labios fue la primera expresión. Luego, la fotografía fue el antecedente del corto cinematográfico. Un espacio independiente. Un primer movimiento: un gesto. Ese gesto sustituyó todas las palabras: le guiñó un ojo. Ojos pequeños y rasgados, expresaban sensualidad. Sólo eran colores. Todo lo demás era cuerpo. Eran estas cosas pero siempre el cuerpo.  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Nosotras invitamos a las sombras a estar al acecho

Alguien ha muerto aquí, fue la única enseñanza 

Ojos rojos e hilillos de saliva escurriendo por la boca,

los pechos de los sapos hinchándose furiosamente

 

      Sofía le había guiñado un ojo, hábito de toda relación

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             de la misma manera en que contoneaba las caderas,

levantando la blusa para revelar sus (apenas) visibles estrías. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Confesión de que conocía todos mis actos y que estos actos eran sólo repeticiones: como el guiño: como la antiquísima danza pagana de sus caderas: como el rompimiento en nuestra piel: la complicidad.  

Todo lo demás ha sido olvidado.  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Es lo último,

los labios es lo último que recuerda

Sofía como un presentimiento de que todo cambiaría

Era un error

Nada ni nadie podía evitar las cosas que sucederían

Cosas como la destrucción.  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

La aprehensión de la soledad.

La traición es el ejercicio mediocre de la libertad.  

      El único recuerdo es Sofía o un presentimiento

Algo sucedería

Algo desencadenaría una acción, conduciría a estas cosas

Divisiones dualistas están de más 

No era nada extraordinario como se conocieron

     La disposición de estas cosas siempre era la misma

“Balanceo” es una posibilidad de abstracción, un beso también

     La idea del columpio como contrapunto

La yuxtaposición de formas: la idea del dolor

     Cualquier figura esférica es una línea

Un cuerpo de revolución, de destrucción

     De brillante colorido, todo es figurativo.  
 
 
 

“Todo es relativo, amor”.  
 
 

      “¿Cómo te llamas?”.

      ¿Cuándo perdió su nombre?

Siempre había sido Ella

     Pero la disposición de las cosas también cambió: la casa no significó casa, morada, refugio

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           Sofía era vida o muerte

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               Sofía era la casa.  
           
           
           
           
           
           
           
           
           
           
           
           
           
           
           

Una ventana no es un suceso común, la casa sólo tiene una puerta que permanece cerrada. No hay salida en nosotras. Siempre imagine una ventana: un niño negro, agazapado, las hebras de su cabello rizado son alambres. Él esperaba afuera. Está lejos de la vista de Sofía. (No puede verlo, no lo ve). Lo llame Negro. “Es sólo un color, un fenómeno físico de la luz, espera a que oscurezca”. Negro estaba siempre. Día y noche. Negro esperaba más allá. “Más allá” como concepto de esclavitud. Del sometimiento, de la pérdida de voluntad, de sin Sofía. “Aquí contigo soy libre“, le decía a Sofía, confiando en que nunca encontraría esta ventana, a menos que pudiera ver a través de mis ojos. El tic tac y la vida comenzaba.

December 17th, 2008 -- Posted in | No Comments »

masc

Por Jorge Flores

Los puntos débiles de la piedra

December 14th, 2008 -- Posted in | 1 Comment »

-Te regalo una piedra.

-Y aparece la pesadez en el pulso. Y los túneles carpianos denostan a la sangre. Quisiera tener un lenguaje elaborado para la derrota.

-Y nos miramos como se mira una señal (amarilla) de advertencia para los peatones.

-Te equivocas. La nuestra es la perspectiva de las alturas.

-No hay nadie allá arriba. Ninguna virtud para tenderme la mano.

-Volemos.

-Estás caminando hacia atrás, recogiendo los pasos.

-…

-Te regalo una piedra.